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lunes, 8 de febrero de 2016

lunes, 14 de diciembre de 2015

Ayaan Hirsi Ali

Ayaan Hirsi Ali y los atentados de París

Un músico desconocido toca por los asesinados en los atentados de París | Cordon Press
El 2 de noviembre de 2004, Mohamed Bouyeri, un holandés de origen marroquí de 26 años, asesinó en plena calle de Amsterdam al cineastaTheo van Gogh. Sobre su cuerpo, pinchada con un cuchillo, el asesino había dejado una carta con una condena a muerte para Ayaan Hirsi Ali. La entonces diputada holandesa había colaborado con el cineasta en la producción de la película Sumisión, con la que se quería denunciar el origen religioso de la violencia y del maltrato que sufren las mujeres musulmanas.
Ayaan Hirsi Ali, nacida en Somalia, había llegado a Holanda en 1992 huyendo de un matrimonio de conveniencia, arreglado por su padre, con un lejano pariente que vivía en Canadá. Entró como refugiada política y, tras licenciarse en Ciencias Políticas, empezó a colaborar, primero, con el Partido Socialdemócrata (PvdA) y, más tarde, con el Partido Liberal (VVD). En 2003 fue elegida diputada al Parlamento holandés con este partido. Desde su escaño se distinguió por su encendida defensa de los derechos de las mujeres musulmanas y sus críticas al multiculturalismo que, en su opinión, lejos de facilitar la integración de los musulmanes, como pretendían hacer creer los socialistas holandeses, les animaba a mantener en sus guetos sus costumbres ancestrales, aunque estuvieran en contradicción con las leyes del país.
La fatwa publicada por los asesinos de Theo van Gogh animó aún más a Hirsi Ali a seguir luchando por los derechos de las mujeres musulmanas, por los valores occidentales y por la libertad. "Después de la muerte de Theo van Gogh, escribía en su libro Yo acuso, estoy más convencida que nunca de que debo hablar y ejercer la crítica a mi manera".
Sin embargo, esa combatividad de la diputada de origen somalí pronto se convertiría en un problema para las autoridades holandesas. En la primavera del 2006 el Ministerio de Justicia le comunicó que sunacionalidad holandesa quedaba anulada. La razón técnica era que los datos personales dados para obtener la nacionalidad no eran correctos y que, cuando, en 1992, solicitó el asilo político, había faltado a la verdad. La razón real, probablemente, fueron las presiones recibidas por aquellos, entre los que se encontraban políticos de su propio partido, a los que tanta beligerancia e independencia de criterio les resultaba incómoda. De hecho, sus vecinos habían pedido al gobierno en repetidas ocasiones que fuera desalojada de la vivienda que ocupaba, ya que su presencia les causaba inseguridad. Ayaan perdió la nacionalidad holandesa y, con ello, su acta de diputada.
Poco tiempo después, y tras desatarse una importante tormenta política, la nacionalidad le fue restituida. Pero, para entonces, Hirsi Ali ya había decidido emprender una nueva vida en Norteamérica. Más tarde contaría que de aquella historia había aprendido que la política, incluso en las democracias liberales, puede, a veces, ser un juego sucio de clanes contra clanes, de partidos contra partidos o de un candidato contra otro.
Desde entonces, Ayaan Hirsi Ali vive en Estados Unidos. Casada con el historiador británico Niall Ferguson, escribe, da conferencias y participa en cuantos foros reclaman su presencia. Ha creado una fundación (AIAF) para la defensa de los derechos de las mujeres musulmanas. En su lucha por la democratización del mundo musulmán, Hirsi Ali confía más en el poder de las ideas que en el de las armas. Cree en la necesidad de mantener un combate ideológico constante, abierto y decidido en la defensa de los principios liberales y de los valores de la cultura occidental. Exige cambios profundos en la práctica del islam, pero también pide a quienes hemos tenido la suerte de nacer en un mundo libre que defendamos nuestros valores culturales, nuestras creencias religiosas y nuestros principios políticos con convicción.
Hirsi Ali provoca conflictos allá donde va. Despierta grandes odios, no solo entre los islamistas, sino también entre intelectuales y políticos occidentales que no están de acuerdo con su "radicalidad". Pero ella, ahora que se ha organizado la vida en un mundo donde existe la libertad de expresión, no está dispuesta a dejar de decir lo que piensa. En su libro Infiel (editado en España con el título Mi vida mi libertad), explicaba con toda claridad esta actitud:
Algunos me preguntan si albergo algún deseo de morir por decir lo que digo. La respuesta es que no: me gustaría seguir viviendo. Sin embargo, hay cosas que es necesario decir, y hay épocas en que el silencio es cómplice de la injusticia.
El pasado 15 de noviembre, en The Wall Street Journal, Ayaan Hirsi Ali publicaba un artículo sobre el último ataque terrorista cometido por el Daesh en París. En él, la controvertida escritora ofrece tres propuestas de acción política a los líderes europeos, necesarias, según ella, para que la lucha contra la yihad islamista resulte eficaz.
En primer lugar, escribe Hirsi Ali, Europa debería "aprender de Israel" en lugar de satanizarle. Desde su nacimiento como Estado, Israel está combatiendo el terrorismo y tiene, por ello, los mejores expertos del mundo en la lucha contra el terror.
Un segundo paso sería "prepararse para dar una larga batalla de ideas". La escritora somalí anima a los gobiernos europeos a hacer proselitismo de sus valores democráticos y principios liberales en el interior de las comunidades musulmanas. Con ello podrían contrarrestar el poder de la propaganda fundamentalista que les llega a estas a través de las escuelas, mezquitas y redes sociales.
Y como un tercer paso, Hirsi Ali indica que los europeos deben diseñar una nueva política de inmigración, que permita la entrada de inmigrantes "sólo si se han comprometido a adoptar los valores europeos y a rechazar la política islamista que los hace vulnerables a los cantos de sirena del Califato".
Tres ideas que marcan una dirección opuesta a la que hasta ahora se ha seguido en Europa, sobre todo en aquellos asuntos que tienen que ver con la integración de la población musulmana, y que, como la propia ex diputada holandesa indica, exigirían un profundo cambio de mentalidad en los líderes políticos.
Desde que, en marzo de 2005, tuve la suerte de conocer a Ayaan Hirsi Ali cuando vino a Madrid para recoger, de manos de Esperanza Aguirre, el Premio a la Tolerancia que le había concedido la Comunidad, he sentido por ella una enorme simpatía y admiración. Resultan emocionantes su ferviente defensa de los valores occidentales, su pasión por la libertad, su confianza en que el islam pueda un día tener suVoltaire, su Locke, su Stuart Mill. Cuando la escuché hablar por primera vez me quedé impresionada por la forma tan clara, sencilla y directa con la que defendía sus puntos de vista, a sabiendas de que resultaban tremendamente incorrectos desde el punto de vista político.
Probablemente Ayaan Hirsi Ali sabe que confiar en que los líderes europeos den un giro de ciento ochenta grados en la política de inmigración o en que hagan proselitismo de sus valores democráticos y liberales en escuelas y mezquitas es, a estas alturas, mucho más que una utopía. Sin embargo, estoy segura de que no por eso dejará de decir lo que cree que hay que decir. Para eso, debe pensar la escritora somalí, decidió un día organizar su vida en un país que respeta la libertad de expresión. Y eso es lo que deberíamos aprender de ella porque hay épocas, y sin duda esta lo es, en las que, como dijo Ayaan Hirsi Ali, el silencio es cómplice de la injusticia.

miércoles, 27 de mayo de 2015

Reformemos el islam


El Cultural
Miércoles, 27 de mayo de 2015 | Actualización continua

Reformemos el Islam

Ayaan Hirsi Alí

Traducción de Iván Montes, Irene Oliva y Gabriel Dols. Galaxia Gutenberg, 2015. 288 páginas, 19'90€ Ebook: 9'49€
MARÍA TERESA GIMÉNEZ BARBAT | 22/05/2015 |  Edición impresa

Ayaan Hirsi Alí. Foto: Rick Nederstigt
Un repetido tópico de nuestras sociedades occidentales es que pueden coexistir en paz y armonía distintas creencias. Básicamente porque se las considera como algo subjetivo, personal e inofensivo. Pero no es así. Sam Harris nos advirtió una vez con estas palabras: “las creencias son programas que nos predisponen a la acción”. Ahora, desactivados por el momento los terrorismos fruto de ideologías europeas, nos enfrentamos a la que viene de fuera. El terrorismo islamista nos golpea muy duramente, tenemos miedo y crece la desconfianza hacia ese colectivo. Por no haber realizado una auténtica reflexión sobre el papel de la creencia en nuestras vidas, por no querer despertarnos de esa ensoñación buenista no hemos apoyado suficientemente a quienes desde las comunidades de origen musulmán desafían al fanatismo arriesgando su vida. El paso de Ayaan Hirsi Alí por Europa ha sido ejemplo de una vergüenza que clama al cielo. Un testimonio más incómodo para “nosotros” que para “ellos”. El de quien pedía un auxilio que significaba el desmantelamiento de una idea “progresista” de la multiculturalidad. De quien tuvo que irse a vivir a EEUU porque su vida no estaba garantizada en Europa.

Ayaan Hirsi Alí es una escritora conocida por su postura feminista y atea frente al Islam. Nació en 1969 en el seno de una familia musulmana de Mogadiscio (Somalia) y, después de los peligrosos y novelescos avatares que cuenta magníficamente en varios de sus libros, acabó construyéndose una carrera política en Holanda, país donde fue diputada desde el 2003 al 2006. Afiliada al partido socialista y desengañada y alarmada por su tolerancia suicida con las costumbres de las que intentaba huir, acabó en las filas liberales que consideró más realistas con el significado del Islam. Entre sus iniciativas más polémicas destaca la de haber sido la guionista del cortometraje Submission, realizado por el controvertido cineasta Theo van Gogh. Esta película se emitió por televisión y provocó gran indignación entre los musulmanes holandeses, que la tacharon de “blasfema”. Van Gogh, que pese a las amenazas de muerte recibidas eludía la protección policial, fue asesinado poco después en plena calle por un islamista holandés de origen marroquí.

Ahora la que merecería ser reconocida como una heroína moderna presenta en España Reformemos el Islam, un considerable giro a su conocido escepticismo sobre el encaje del Islam en las sociedades modernas. Efectivamente, en su anterior libro, Nómada, llegaba a invitar a los musulmanes a “elegir otro dios” si no podían pasar sin él. Aquí modula sus convicciones para proponer un marco que los musulmanes moderados puedan comprender y aceptar. Se hace cargo del desgarro de la ruptura radical con la tradición y exhorta al mundo musulmán a abrirse a una reforma del mismo tipo que vivió el cristianismo en su día. Una que no les obligue a elegir entre el desarraigo o el regreso al mundo del siglo VII como pretenden Al Qaeda o el EI.

Hirsi Alí admite con sencillez que no es un ningún Lutero, pero que la única manera de convencer a quienes fueron los suyos es con consignas claras y precisas. No va a ofrecer 95 tesis, nos dice; cree que con 5 puede bastar. Sabe que se enfrenta a una tarea difícil pero indispensable para que los musulmanes que se consideran creyentes puedan prosperar y contribuir a mejorar las sociedades occidentales en las que viven. También para que los estados que aún se declaran islámicos sean capaces de convivir con otros con mayorías secularizadas, con creyentes de otras religiones o para terminar con la sangría que desencadenan los conflictos que enfrentan a las comunidades islamistas entre ellas.

Hirsi Alí se muestra optimista y considera que esto no provocará un “derrumbe” del Islam sino un fortalecimiento de sus mejores pilares. Y para ello presenta sus cinco tesis, que no clava en las puertas de la Iglesia del Palacio de Witenberg sino en un libro que ha de recorrer las redes de comunicación del mundo:

1. Garantizar que Mahoma y el Corán se prestan a la interpretación y a las críticas. 2. Dar prioridad a esta vida, no a la vida después de la muerte. 3. Limitar la Sharia y poner fin a su preponderancia con respecto a la ley seglar. 4. Poner fin a la práctica “ordenar lo que está bien, prohibir lo que está mal”. 5. Abandonar el llamamiento a la Yihad.

Estos principios, como la autora no se cansa de insistir, pueden reunirse en un concepto fundamental: asegurar la preeminencia de la ley secular por encima de la Sharia. El camino que queda por delante será duro y todo hace predecir que manchado de sangre. Pero la atea de cultura islámica considera que no es demasiado tarde para que millones de musulmanes concilien su fe con el siglo XXI. Un gran y desesperado envite.

domingo, 10 de mayo de 2015

Ayyan Hirsi Ali

Cinco tesis de Ayaan Hirsi Ali

Como Lutero en 1517, la pensadora y activista somalí detalla en su nuevo libro un puñado de propuestas para una reforma del islam que logre traer la religión musulmana al siglo XXI


Ayaan Hirsi Alii, retratadaDURANTE una visita a Barcelona. / CONSUELO BAUTISTA
La agitación que vemos en el mundo musulmán hoy en día no es tan sólo una consecuencia de los sistemasPOLÍTICOS despóticos, de una economía ruinosa y la pobreza que genera. Sino que se trata de una consecuencia del islam en sí y de la incompatibilidad de ciertos aspectos clave de la fe musulmana con la modernidad. Por eso el conflicto más importante al que debe hacer frente hoy en día el mundo es el que existe entre aquellos que están dispuestos a defender hasta la muerte esas incompatibilidades y aquellos que están preparados para desafiarlos, no a acabar con el islam, sino a reformarlo.
El proceso inicial de desafío de la autoridad ya ha empezado, un ejemplo trágico del cual es la nota escrita por el hijo del presidente iraní recién elegido en las urnas, poco antes de su suicidio en 1992: “Odio tu gobierno, tus mentiras, tu corrupción, tu religión, tu doble rasero y tu hipocresía”. Sin embargo, noPUEDE llevarse a cabo una Reforma mediante notas de suicidio. Al igual que la Reforma de Lutero, necesita tesis: llamamientos a la acción.
¿Qué sePUEDE hacer con una casa desvencijada, pero que posee un gran valor desde el punto de vista histórico? Una posibilidad es simplemente derribarla y construir una casaNUEVA en su lugar. Esto no va a suceder con el islam ni con ninguna otra religión consolidada. Una segunda posibilidad consiste en conservar el lugar tal y como se construyó, por muy inestable y por muy grande que sea el peligro de derrumbe. Esto es lo que une a grupos como losHermanos MusulmanesAl Qaeda y el EI: un regreso alESTADOoriginal del siglo VII.
La tercera opción consiste en mantener el mayorNÚMERO posible de detalles históricos, lograr que la fachada se parezca lo máximo posible a la original, pero llevar a cabo una reforma radical del interior de la casa y equiparla con las últimas comodidades. Ése es el tipo de Reforma que propugno. Ampliando la metáfora, otro término que se ajustaría a la idea que tengo en mente podría ser Renovación islámica.
No soy ningún Lutero. Tampoco he concebido noventa y cinco tesisPARA clavarlas en una puerta. De hecho, sólo tengo cinco. Hacen referencia a los cinco principios básicos de la fe islámica que aquellos que llaman a la yihad y la destrucciónEMPLEAN con un éxito tan letal. Soy consciente de que enmendarlas será sumamente difícil. Pero para que el islam coexista con la modernidad, para que los Estados islámicos coexistan con otras naciones en este planeta cada vez más pequeño, y sobre todo para que decenas de millones de musulmanes creyentes prosperen en sociedades occidentales, hay que enmendar estos cinco conceptos. La razón y la conciencia así lo exigen. Creo que estos cambios pueden ser la base de una auténtica Reforma islámica, una que permita avanzar hacia el siglo XXI en lugar de regresar al VII.
Tal vez haya quien considere que estos cambios del sistema de creencias islámico son demasiado radicales para ser viables. Sin embargo, al igual que los tabiques o las escaleras innecesarias que eliminan unas obras de reforma realizadas con éxito, se pueden modificar sin provocar el derrumbe de todo el edificio. De hecho, creo que estas modificaciones reforzarán el islam ya que permitirán que los musulmanesPUEDAN vivir en armonía con el mundo moderno. Son los que están empeñados en hacerlo retroceder a su estado original los que tienen más probabilidades de conducirlo a la destrucción. Éstas son mis cinco tesis, clavadas en una puerta virtual:
1. Garantizar que Mahoma y el Corán se prestan a la interpretación y a las críticas
2. Dar prioridad a esta vida, no a la vida después de la muerte.
3. Limitar la sharía y poner fin a su preponderancia con respecto a la ley seglar.
4. Poner fin a la práctica “ordenar lo queESTÁ bien, prohibir lo que está mal”.
5. Abandonar el llamamiento a la yihad.
Es obvio que el principal problemaPARA nosotros es el fomento de la yihad. Sin embargo, el llamamiento a la guerra santa no se puede comprender cabalmente sin tener enCUENTA el prestigio del Profeta como modelo de comportamiento musulmán, la primacía de la vida después de la muerte en la teología musulmana, la insistencia en una lectura literal del Corán y el consiguiente rechazo del pensamiento crítico, el poder de la ley religiosa y el permiso otorgado a ciertos musulmanes para que hagan respetar sus códigos y disciplinas. Estos temas se solapan de tal modo que en ocasiones resulta difícil separarlos.
PEROaun así hay que enfrentarse a ellos. Cuando escribí mi último libro, Nómada, creía que era imposible reformar el islam, que acaso lo mejor para los creyentes musulmanes era elegir otro dios. Estaba convencida de ello, de manera similar al escritor italiano y superviviente del holocausto, Primo Levi, que en 1987 escribió que estaba plenamente convencido de que el muro de Berlín perduraría. Al cabo de dos años, cayó el Muro. Siete meses después de publicarNómada se produjo elINICIO de la primavera árabe. Fui testigo de la caída de cuatro gobiernos nacionales, del egipcio en dos ocasiones, y de protestas o alzamientos en otras 14 naciones, y entonces me di cuenta de que me había equivocado.
Los musulmanes de a pie están listosPARA el cambio. El camino que queda por delante será duro, e incluso puede que esté manchado de sangre. Pero a diferencia de anteriores oleadas de reformas que zozobraron al impactar contra el monolito del poder político y religioso, en la actualidad es posible encontrar una hermandad de gente que desea la separación de religión yPOLÍTICA en el mundo musulmán.
No soy un clérigo. No atiendo a una congregación semanal. Simplemente doy clase, leo, escribo, pienso e imparto un pequeño seminario en Harvard. Los que objetan que no soy una teóloga titulada o una historiadora del islam tienen razón. Pero mi objetivo no es involucrar yoSOLA a todo el mundo islámico en un debate teológico. Lo que pretendo es animar a los reformistas y disidentes musulmanes a salvar los obstáculos de la Reforma, y animar a los demás a apoyarlos de todos los modos posibles.
En mi caso no hay vuelta atrás posible. Ya es demasiado tarde para regresar a la fe de mis padres y abuelos. Pero no es demasiado tarde para que millones de musulmanes concilien su fe islámica con el siglo XXI.
Mi sueño de una reforma musulmana no es una cuestión que afecte únicamente a los musulmanes. La gente de todas las fes, o la que no profesa ninguna,TIENE un gran interés en los cambios del islam: una fe que sea más respetuosa con las doctrinas básicas de los derechos humanos, que defienda universalmente menos violencia y más tolerancia, que fomente gobiernos menos corruptos y caóticos, que permita más duda y más discrepancias, que fomente más educación, más libertad y más igualdad en un sistema legislativo moderno.
No concibo ninguna otra forma de avanzar, al menos ninguna otra forma que no esté sembrada de cadáveres. El islam y la modernidad deben reconciliarse. Y eso sóloPUEDE suceder si el propio islam se moderniza. Podemos llamarlo Renovación musulmana, si se prefiere así. Pero sea cual sea la etiqueta que elijamos, conviene tomar estas cinco enmiendas como el punto de partida para entablar un debate sincero sobre el islam. Se trata de un debate que debe empezar con una reevaluación del Profeta y su libro.