Libros, poemas, imágenes, miradas, leemos en los objetos cotidianos, nos apropiamos de herramientas con las que construir una realidad más apacible, cómplice y alegre. Te escucho....cuéntame. Leer es partir, es emigrar, una ventana, un aire nuevo en el que envolverse y cubrir lo que nos rodea. Gracias por tus comentarios.
sábado, 16 de diciembre de 2017
Isabel Coixet
Isabel Coixet: “El cine me enseña el mundo a través de una pequeña rendija”
Ha sido directora de cine desde 1989 y ha trabajado frecuentemente en el mundo de la publicidad
Isabel Coixet
se define como “una espectadora omnívora” a la que le gusta ir al cine
sola, pero también en compañía de amigos; disfrutar una película en una
sala con una pantalla grande, asientos cómodos, con un sonido impecable y
una proyección increíble, pero también visionar en un pequeño monitor
de la filmoteca una copia no restaurada de un film de los años 70.
Su
gusto cinematográfico se formó siendo niña. “Mis padres me llevaban al
cine y yo, a veces, veía cosas que no entendía, pero que me
impresionaban”, evoca con nostalgia. “Recuerdo ver Isadora, de Karel Reisz, que me impresionó muchísimo. Fue la primera vez en la que fui consciente de lo que era un flashback.
La película empienza con Isadora de niña quemando el certificado de
boda de sus padres y yo creo que no me he casado porque vi eso y pensé
que casarse era horroroso. Muchos años después tuve la oportunidad y la
fortuna de conocer a Vanessa Redgrave y le conté cómo esa película, y
otras como Blow Up, me hicieron ver que hay un mundo más allá del tuyo y que el cine me lo enseña a través de una rendija”.
Isabel Coixet, que estrena en los cines el próximo día 10 su nueva película, La librería,
es la encargada de elegir parte de la programación de TCM todos los
sábados del mes de noviembre. Una selección de películas entre las que
se destacan títulos como Querido diario, de Nanni Moretti; Apocalypse Now Redux, de Francis Ford Coppola, o El último tango en París, de Bernardo Bertolucci. Títulos que irán precedidos de un comentario a cargo de la directora.
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“Sigo viendo las películas de Bertolucci”, admite Isabel Coixet. “El conformista y, por supuesto, El último tango en París
me parecen obras maestras. En cambio, los films de Luchino Visconti, al
que admiraba muchísimo de adolescente, ahora me cuesta verlos”. Tampoco
le gusta demasiado el cine de Ken Loach porque, según dice, “no soporto
que las películas me den discursos”.
El especial Programado por Isabel Coixet
arrancará el sábado 4 de noviembre con una entrevista en la que la
cineasta habla de su afición por el cine, de las películas que han
marcado su vida y sobre las experiencias que ha vivido gracias al cine.
A lo largo de su carrera, Isabel Coixet ha
tenido la oportunidad de conocer a muchos actores, actrices y directores
que admira. Algunos, sin embargo, se le han caído del pedestal, como el
realizador Abel Ferrara, con el que formó parte de un jurado en un
festival en Chile. “No vino a ninguna de las sesiones y luego quería
opinar. Se había tomado unas cervezas antes de la reunión final y no
estaba muy bien el hombre”, recuerda entre sonrisas.
Isabel Coixet nació en Barcelona el 9 de abril de 1960. Debutó como realizadora en 1989 con Demasiado viejo para morir joven
y, paralelamente a su carrera como directora, ha trabajado
frecuentemente en el mundo de la publicidad. “Yo con el cine he ganado
un dinero que es el equivalente al de un profesor de instituto”, afirma.
“La publicidad es otro nivel. Te da la oportunidad de viajar por todo
el mundo y con grandes equipos. En el primer rodaje de publicidad en el
que estuve, con 18 años, el director de fotografía era John Alcott, el
de 2001, una odisea del espacio. Siempre he intentado aprender de todo eso”, explica.
Una de las cosas que más le gustan a Isabel Coixet del cine español es su disparidad. De la actualidad destaca los trabajos de jóvenes directoras como Carla Simón, la realizadora de Verano 1993; Leticia Dolera, la autora de Requisitos para ser una persona normal, o Liliana Torres, que estrenó en 2013 Family Tour, un film a caballo entre la Ciencia Ficción y el documental.
La directora catalana se reafirma como una narradora. “Lo
haré como y donde pueda”, dice. “Ahora estoy escribiendo una serie de
televisión y me ha costado adaptarla a un formato de media hora. Es un
desafío nuevo. No tengo prejuicios”. Algo que deja claro con la variedad
de películas que va a comentar todos los sábados de este mes de
noviembre en TCM.Cosas que he callado
COSAS QUE HE CALLADO
AZAR NAFISI
LA HISTORIA RECIENTE DE IRÁN CONTADA POR LA AUTORA DE LEER LOLITA EN TEHERÁN
«Enamorarme en Teherán. Ver los hermanos Marx en Teherán. Leer Lolita en Teherán...» Así empezaba la lista de cosas secretas que Azar Nafisi escribió en su diario. Una lista que siguió con leyes represoras y ejecuciones, abominaciones públicas y políticas, traiciones privadas que implicaban a personas próximas. Con la distancia de los años, Azar Nafisi ha decidido rememorarlas y contar qué significa nacer y crecer en Teherán. Bajo la sombra de un padre idealizado, alcalde de la ciudad durante la época del shah, y expuesta a los vaivenes de una madre complicada y frustrada por no ver cumplidos sus sueños profesionales y románticos. Azar Nafisi creció en un entorno rico en hipocresías.
Con Cosas que he callado, Nafisi compone un catártico retrato de una familia excepcional y, a la vez, universal. Empezando por su infancia difícil, su primer matrimonio fallido, sus encontronazos con la injusticia y el despertar de su activismo político en la República Islámica de Irán, analiza los acontecimientos y las personalidades que la llevaron a ser una mujer valiente, comprometida e insubordinada. Desde su domicilio estadounidense, reflexiona sobre el poder de los silencios y chantajes sobre los que se sustentan todas las dictaduras y algunas familias, como el más cerrado de los sistemas totalitarios. Quienes conozcan ya a Azar Nafisi, encontrarán aquí la emoción de leer algo auténtico y valiente, palabras que llegan desde las calles y jardines de Teherán.
«HE SIDO CAUTIVADA POR LA MANERA EN QUE NAFISI NOS CUENTA CÓMO HA DESAFIADO LA GUERRA DEL ISLAMISMO RADICAL CONTRA LAS MUJERES. SUS MEMORIAS CONTIENEN IMPORTANTES Y COMPLEJAS SOBRE LOS ESTRAGOS DE LA TEOCRACIA. »
SUSAN SONTAG
«Enamorarme en Teherán. Ver los hermanos Marx en Teherán. Leer Lolita en Teherán...» Así empezaba la lista de cosas secretas que Azar Nafisi escribió en su diario. Una lista que siguió con leyes represoras y ejecuciones, abominaciones públicas y políticas, traiciones privadas que implicaban a personas próximas. Con la distancia de los años, Azar Nafisi ha decidido rememorarlas y contar qué significa nacer y crecer en Teherán. Bajo la sombra de un padre idealizado, alcalde de la ciudad durante la época del shah, y expuesta a los vaivenes de una madre complicada y frustrada por no ver cumplidos sus sueños profesionales y románticos. Azar Nafisi creció en un entorno rico en hipocresías.
Con Cosas que he callado, Nafisi compone un catártico retrato de una familia excepcional y, a la vez, universal. Empezando por su infancia difícil, su primer matrimonio fallido, sus encontronazos con la injusticia y el despertar de su activismo político en la República Islámica de Irán, analiza los acontecimientos y las personalidades que la llevaron a ser una mujer valiente, comprometida e insubordinada. Desde su domicilio estadounidense, reflexiona sobre el poder de los silencios y chantajes sobre los que se sustentan todas las dictaduras y algunas familias, como el más cerrado de los sistemas totalitarios. Quienes conozcan ya a Azar Nafisi, encontrarán aquí la emoción de leer algo auténtico y valiente, palabras que llegan desde las calles y jardines de Teherán.
«HE SIDO CAUTIVADA POR LA MANERA EN QUE NAFISI NOS CUENTA CÓMO HA DESAFIADO LA GUERRA DEL ISLAMISMO RADICAL CONTRA LAS MUJERES. SUS MEMORIAS CONTIENEN IMPORTANTES Y COMPLEJAS SOBRE LOS ESTRAGOS DE LA TEOCRACIA. »
SUSAN SONTAG
Irán alumnbró la pirmavera árabe
“Irán alumbró la primavera árabe”
La escritora iraní está convencida de que la fuerza de las mujeres acabará con el “régimen totalitario” de Mahmud Ahmadineyad
De suaves maneras y sonrisa cálida, todo en la escritora Azar Nafisi
se transforma en energía cuando habla de la lucha de las mujeres
iraníes; de esas pioneras que en 1963 consiguieron imponer el sufragio
universal en la Persia del sha Pavlevi, mientras en Suiza -donde
estudiaron ella y otras muchas de las hijas de la clase dirigente
iraní-, el voto de las mujeres solo llegó en 1974. La autora y activista
ha estado en España para recoger en Valladolid el premio de la
Fundación Gabarrón de Pensamiento y Humanidades 2011. Exiliada en EE UU
donde ha retomado en la Universidad Johns Hopkins la cátedra de
Literatura que dejó en Teherán, está convencida de que la fuerza de las
iraníes será la que acabe con el “régimen totalitario” que gobierna
Irán.
Pregunta. ¿La primavera árabe florecerá en Irán?
Respuesta. Irán alumbró los acontecimientos de Egipto, Túnez o Libia. Muchos disidentes, especialmente las mujeres, miraron a Teherán durante las revueltas de 2009. Ahora, la primavera árabe influencia Irán sobre todo atemorizando al régimen, que se vuelve más arbitrario, más hierático y más violento, lo que refleja su extrema debilidad.
P. ¿Cree que el régimen se hundirá?
R. No me cabe la menor duda, aunque no sé cuándo. En sus últimos discursos, (el presidente Mahmud) Ahmadineyad ha recurrido a un lenguaje de violencia que revela su absoluta frustración. El régimen percibe que está en un callejón sin salida y no le queda otro recurso que la violencia. El círculo de poder del ayatolá Alí Jameneí ha aislado a Ahmadineyad, y a su vez, los dos dirigentes se sienten cada día más asustados por los acontecimientos árabes.
P. ¿Es cierto que hay una fuerte división en la cúpula del poder?
R. Las fracturas existen desde el momento en que el régimen se adueñó de Irán. El ayatolá Madani defendió hasta su muerte (en un atentado en 1981) la separación entre la religión y el Estado. El ayatolá Montazeri, designado por Jomeini para sustituirle, fue apartado por el mismo Jomeini (en 1989 por criticar el radicalismo). El régimen se ha convertido en un totalitarismo estaliniano que ha confiscado la religión para convertirla en ideología, pero los iraníes sienten que, como en Europa del Este, se deslizan hacia la destrucción del muro.
P. ¿Las bases han abandonado a Ahmadineyad?
R. No totalmente, pero la economía se tambalea. La situación de los veteranos de guerra es lamentable. La revolución llegó para ayudar a los pobres, pero cada día son más pobres y los ricos, cada día más ricos. Son los ricos los que apoyan al régimen y no quieren que caiga, porque en este sistema corrupto disfrutan de todos los privilegios. Las mujeres más pobres son las grandes víctimas.
P. ¿Considera positivas las sanciones internacionales?
R. No, porque no tienen en cuenta al pueblo iraní. No hay mayor arma que el pensamiento y la cultura. Esto es lo que hay que fomentar. Hay que hablar con los iraníes, con los jóvenes que están todo el día conectados a las redes sociales para sentirse dentro del mundo actual. Abrirse a ellos, que son iguales que los occidentales y tienen las mismas inquietudes y las mismas ganas de vivir.
P. ¿Qué opina de la actitud de Occidente?
R. Me enfada mucho. Siempre espera a que las gentes
se maten, como en Libia, para actuar. ¿Cuántos iraníes tienen que morir
para que apoyen a la sociedad iraní? No queremos que lo hagan con armas
sino con libros, con departamentos de humanidades.
P. Occidente encabeza la campaña contra la lapidación…
R. Si, pero eso no representa a la sociedad iraní, sino al régimen que desde el primer momento se ensañó contra las mujeres y las minorías étnicas y religiosas, cuyos derechos pisoteó. La lapidación, el matrimonio a los nueve años y otras barbaridades no son la generalidad. Las iraníes libran una lucha existencial contra el régimen y precisan reconocimiento. Sus armas de destrucción masiva son el carmín o el pelo que asoma bajo el velo en defensa de su dignidad individual y de su libertad de decidir.
P. ¿Se abre una nueva era para las mujeres?
R. A mí no me gusta que me digan que estoy occidentalizada porque no llevo velo. Las iraníes no miran a Occidente cuando exigen su derecho a decidir. Miran a sus conquistas del pasado. Yo miro a mi abuela que luchó por sus derechos durante la llamada Revolución Constitucional (1906) y a mi madre que fue una de las primeras diputadas (1963). Nadie nos ha regalado nada. Las mujeres hemos luchado siempre. No soy occidental porque diga que la religión y el Estado deben estar separados.
P. ¿Cree que la primavera árabe proseguirá?
R. Lo difícil no es cambiar el régimen sino realizar la transición, por eso espero un apoyo decidido de Occidente a esos pueblos que ahora más que nunca están necesitados de respaldo.
P. Muchos expertos occidentales vieron en el presidente Mohamed Jatamí (1997-2005) el hombre que democratizaría Irán ¿por qué fracasó?
R. Yo salí de Irán en 1997 cuando el espejismo de Jatamí llevó a muchos a volver. Jatamí desató unas expectativas que no podía cumplir porque formaba parte del sistema. Marchitó la esperanza de millones de personas, que se volvieron más violentas cuando en 2009 tuvieron que mostrar su apoyo a (los opositores Mir Husein) Musaví y Mehdi Karrubí. En 1997 no era solo cuestión de cambiar el régimen sino la mentalidad, y en estos años se ha avanzado mucho. Ahora los jóvenes saben lo que significa la cárcel y la lucha por la libertad individual.
P. ¿Es usted optimista?
R. No soy optimista pero tengo esperanza, aunque me preocupa la situación de la juventud porque Irán, como Estado totalitario que es, destruye las instituciones, la moralidad y la fe.
P. Usted acaba de adoptar la nacionalidad de EE UU, ¿Qué opina de la situación en ese país?
R. Estoy muy preocupada. Lo que sucede en EE UU va mucho más allá de la crisis económica. Se trata de crisis por falta de visión y de coraje. En Irán se muere por leer a Max Weber y en EE UU se cierran los departamentos de humanidades y se reducen los beneficios sociales.
Pregunta. ¿La primavera árabe florecerá en Irán?
Respuesta. Irán alumbró los acontecimientos de Egipto, Túnez o Libia. Muchos disidentes, especialmente las mujeres, miraron a Teherán durante las revueltas de 2009. Ahora, la primavera árabe influencia Irán sobre todo atemorizando al régimen, que se vuelve más arbitrario, más hierático y más violento, lo que refleja su extrema debilidad.
P. ¿Cree que el régimen se hundirá?
R. No me cabe la menor duda, aunque no sé cuándo. En sus últimos discursos, (el presidente Mahmud) Ahmadineyad ha recurrido a un lenguaje de violencia que revela su absoluta frustración. El régimen percibe que está en un callejón sin salida y no le queda otro recurso que la violencia. El círculo de poder del ayatolá Alí Jameneí ha aislado a Ahmadineyad, y a su vez, los dos dirigentes se sienten cada día más asustados por los acontecimientos árabes.
Las mujeres hemos luchado siempre. No soy occidental porque diga que el Estado y la religión deben estar separados
R. Las fracturas existen desde el momento en que el régimen se adueñó de Irán. El ayatolá Madani defendió hasta su muerte (en un atentado en 1981) la separación entre la religión y el Estado. El ayatolá Montazeri, designado por Jomeini para sustituirle, fue apartado por el mismo Jomeini (en 1989 por criticar el radicalismo). El régimen se ha convertido en un totalitarismo estaliniano que ha confiscado la religión para convertirla en ideología, pero los iraníes sienten que, como en Europa del Este, se deslizan hacia la destrucción del muro.
P. ¿Las bases han abandonado a Ahmadineyad?
R. No totalmente, pero la economía se tambalea. La situación de los veteranos de guerra es lamentable. La revolución llegó para ayudar a los pobres, pero cada día son más pobres y los ricos, cada día más ricos. Son los ricos los que apoyan al régimen y no quieren que caiga, porque en este sistema corrupto disfrutan de todos los privilegios. Las mujeres más pobres son las grandes víctimas.
P. ¿Considera positivas las sanciones internacionales?
R. No, porque no tienen en cuenta al pueblo iraní. No hay mayor arma que el pensamiento y la cultura. Esto es lo que hay que fomentar. Hay que hablar con los iraníes, con los jóvenes que están todo el día conectados a las redes sociales para sentirse dentro del mundo actual. Abrirse a ellos, que son iguales que los occidentales y tienen las mismas inquietudes y las mismas ganas de vivir.
P. ¿Qué opina de la actitud de Occidente?
La revolución llegó para ayudar a los pobres, pero cada día son más pobres y los ricos, cada día más ricos
P. Occidente encabeza la campaña contra la lapidación…
R. Si, pero eso no representa a la sociedad iraní, sino al régimen que desde el primer momento se ensañó contra las mujeres y las minorías étnicas y religiosas, cuyos derechos pisoteó. La lapidación, el matrimonio a los nueve años y otras barbaridades no son la generalidad. Las iraníes libran una lucha existencial contra el régimen y precisan reconocimiento. Sus armas de destrucción masiva son el carmín o el pelo que asoma bajo el velo en defensa de su dignidad individual y de su libertad de decidir.
P. ¿Se abre una nueva era para las mujeres?
R. A mí no me gusta que me digan que estoy occidentalizada porque no llevo velo. Las iraníes no miran a Occidente cuando exigen su derecho a decidir. Miran a sus conquistas del pasado. Yo miro a mi abuela que luchó por sus derechos durante la llamada Revolución Constitucional (1906) y a mi madre que fue una de las primeras diputadas (1963). Nadie nos ha regalado nada. Las mujeres hemos luchado siempre. No soy occidental porque diga que la religión y el Estado deben estar separados.
P. ¿Cree que la primavera árabe proseguirá?
R. Lo difícil no es cambiar el régimen sino realizar la transición, por eso espero un apoyo decidido de Occidente a esos pueblos que ahora más que nunca están necesitados de respaldo.
P. Muchos expertos occidentales vieron en el presidente Mohamed Jatamí (1997-2005) el hombre que democratizaría Irán ¿por qué fracasó?
R. Yo salí de Irán en 1997 cuando el espejismo de Jatamí llevó a muchos a volver. Jatamí desató unas expectativas que no podía cumplir porque formaba parte del sistema. Marchitó la esperanza de millones de personas, que se volvieron más violentas cuando en 2009 tuvieron que mostrar su apoyo a (los opositores Mir Husein) Musaví y Mehdi Karrubí. En 1997 no era solo cuestión de cambiar el régimen sino la mentalidad, y en estos años se ha avanzado mucho. Ahora los jóvenes saben lo que significa la cárcel y la lucha por la libertad individual.
P. ¿Es usted optimista?
R. No soy optimista pero tengo esperanza, aunque me preocupa la situación de la juventud porque Irán, como Estado totalitario que es, destruye las instituciones, la moralidad y la fe.
P. Usted acaba de adoptar la nacionalidad de EE UU, ¿Qué opina de la situación en ese país?
R. Estoy muy preocupada. Lo que sucede en EE UU va mucho más allá de la crisis económica. Se trata de crisis por falta de visión y de coraje. En Irán se muere por leer a Max Weber y en EE UU se cierran los departamentos de humanidades y se reducen los beneficios sociales.
Leer lolita en Teherán
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Resumen
Una vez por semana y durante más de dos años, Azar Nafisi, una
profesora de literatura de la Universidad de Teherán expedientada por
negarse a llevar el velo, reunió en su casa a siete de sus alumnas para
leer y comentar algunas de las novelas occidentales prohibidas por el
régimen de los ayatolás. Poco a poco, superada la timidez inicial, las
jóvenes estudiantes empezaron a expresarse con libertad, no sólo sobre
las novelas de Jane Austen, Henry James, F. Scott Fitzgerald y Nabokov
sino sobre sí mismas, sus sueños y frustraciones. En aquellos libros
habían encontrado una alternativa valiente a la tiranía ideológica a la
que estaban sometidas y la adoptaron como un desafío.
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