viernes, 29 de mayo de 2015

miércoles, 27 de mayo de 2015

Reformemos el islam


El Cultural
Miércoles, 27 de mayo de 2015 | Actualización continua

Reformemos el Islam

Ayaan Hirsi Alí

Traducción de Iván Montes, Irene Oliva y Gabriel Dols. Galaxia Gutenberg, 2015. 288 páginas, 19'90€ Ebook: 9'49€
MARÍA TERESA GIMÉNEZ BARBAT | 22/05/2015 |  Edición impresa

Ayaan Hirsi Alí. Foto: Rick Nederstigt
Un repetido tópico de nuestras sociedades occidentales es que pueden coexistir en paz y armonía distintas creencias. Básicamente porque se las considera como algo subjetivo, personal e inofensivo. Pero no es así. Sam Harris nos advirtió una vez con estas palabras: “las creencias son programas que nos predisponen a la acción”. Ahora, desactivados por el momento los terrorismos fruto de ideologías europeas, nos enfrentamos a la que viene de fuera. El terrorismo islamista nos golpea muy duramente, tenemos miedo y crece la desconfianza hacia ese colectivo. Por no haber realizado una auténtica reflexión sobre el papel de la creencia en nuestras vidas, por no querer despertarnos de esa ensoñación buenista no hemos apoyado suficientemente a quienes desde las comunidades de origen musulmán desafían al fanatismo arriesgando su vida. El paso de Ayaan Hirsi Alí por Europa ha sido ejemplo de una vergüenza que clama al cielo. Un testimonio más incómodo para “nosotros” que para “ellos”. El de quien pedía un auxilio que significaba el desmantelamiento de una idea “progresista” de la multiculturalidad. De quien tuvo que irse a vivir a EEUU porque su vida no estaba garantizada en Europa.

Ayaan Hirsi Alí es una escritora conocida por su postura feminista y atea frente al Islam. Nació en 1969 en el seno de una familia musulmana de Mogadiscio (Somalia) y, después de los peligrosos y novelescos avatares que cuenta magníficamente en varios de sus libros, acabó construyéndose una carrera política en Holanda, país donde fue diputada desde el 2003 al 2006. Afiliada al partido socialista y desengañada y alarmada por su tolerancia suicida con las costumbres de las que intentaba huir, acabó en las filas liberales que consideró más realistas con el significado del Islam. Entre sus iniciativas más polémicas destaca la de haber sido la guionista del cortometraje Submission, realizado por el controvertido cineasta Theo van Gogh. Esta película se emitió por televisión y provocó gran indignación entre los musulmanes holandeses, que la tacharon de “blasfema”. Van Gogh, que pese a las amenazas de muerte recibidas eludía la protección policial, fue asesinado poco después en plena calle por un islamista holandés de origen marroquí.

Ahora la que merecería ser reconocida como una heroína moderna presenta en España Reformemos el Islam, un considerable giro a su conocido escepticismo sobre el encaje del Islam en las sociedades modernas. Efectivamente, en su anterior libro, Nómada, llegaba a invitar a los musulmanes a “elegir otro dios” si no podían pasar sin él. Aquí modula sus convicciones para proponer un marco que los musulmanes moderados puedan comprender y aceptar. Se hace cargo del desgarro de la ruptura radical con la tradición y exhorta al mundo musulmán a abrirse a una reforma del mismo tipo que vivió el cristianismo en su día. Una que no les obligue a elegir entre el desarraigo o el regreso al mundo del siglo VII como pretenden Al Qaeda o el EI.

Hirsi Alí admite con sencillez que no es un ningún Lutero, pero que la única manera de convencer a quienes fueron los suyos es con consignas claras y precisas. No va a ofrecer 95 tesis, nos dice; cree que con 5 puede bastar. Sabe que se enfrenta a una tarea difícil pero indispensable para que los musulmanes que se consideran creyentes puedan prosperar y contribuir a mejorar las sociedades occidentales en las que viven. También para que los estados que aún se declaran islámicos sean capaces de convivir con otros con mayorías secularizadas, con creyentes de otras religiones o para terminar con la sangría que desencadenan los conflictos que enfrentan a las comunidades islamistas entre ellas.

Hirsi Alí se muestra optimista y considera que esto no provocará un “derrumbe” del Islam sino un fortalecimiento de sus mejores pilares. Y para ello presenta sus cinco tesis, que no clava en las puertas de la Iglesia del Palacio de Witenberg sino en un libro que ha de recorrer las redes de comunicación del mundo:

1. Garantizar que Mahoma y el Corán se prestan a la interpretación y a las críticas. 2. Dar prioridad a esta vida, no a la vida después de la muerte. 3. Limitar la Sharia y poner fin a su preponderancia con respecto a la ley seglar. 4. Poner fin a la práctica “ordenar lo que está bien, prohibir lo que está mal”. 5. Abandonar el llamamiento a la Yihad.

Estos principios, como la autora no se cansa de insistir, pueden reunirse en un concepto fundamental: asegurar la preeminencia de la ley secular por encima de la Sharia. El camino que queda por delante será duro y todo hace predecir que manchado de sangre. Pero la atea de cultura islámica considera que no es demasiado tarde para que millones de musulmanes concilien su fe con el siglo XXI. Un gran y desesperado envite.

Entrevista con Mamamdou DIA

Cada día decenas de inmigrantes africanos emprenden un peligroso viaje en frágiles embarcaciones marítimas a Europa en búsqueda de una vida mejor, pero pocos llegan a cumplir sus sueños. El activista senegalés Mamadou Dia confiesa en Entrevista, por qué, pese al éxito de su viaje a España, anima a sus compatriotas a que retornen a Senegal, cuenta por qué decidió crear su propia ONG Hahatay y revela quiénes son los verdaderos culpables de la emigración masiva desde África a países europeos.

domingo, 10 de mayo de 2015

cartas en prisión

sergey Ignatyev

Todo lo bueno llegará

Todo lo bueno llegará- Sefi Atta

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Empecemos por el principio. Sefi Atta pertenece a la denominada diáspora africana. Nació en Lagos, Nigeria, se educó allí y después en Inglaterra y Estados Unidos. En la actualidad vive en Mississippi. El breve retrato de Sefi Atta nos suena familiar; lo cierto es que suele ser algo bastante repetido cuando hablamos de autores conocidos y reconocidos por el resto del mundo (es decir, fuera de África). Se trata de los escritores denominados “afro-europeos” o “afro-americanos”, y por eso mismo ruedan con más facilidad que el resto por los circuitos editoriales mundiales. Afirma Chris Abani en una entrevista que “en realidad todos somos transnacionales” en el sentido de que viajamos, migramos o estamos enCONTACTO permanente con otras culturas. Lo que quiere decir Abani es que vivimos en un mundo cada vez más globalizado, del que (a nuestro pesar o no) formamos parte.
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Fotografía: africansuccess.org

Literatura Euro-americana

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All Fingers Are Not Equal ©Victor Ekpuk
La biografía de Sefi Atta me da pie para hablar de la contemporánea literatura “africana”, poblada deNOMBRES que tienen una fuerte relación con Europa o América. Si leemos las listas de los escritores más conocidos y reconocidos del continente observamos que aparecen invariablemente, Teju Cole, Helon Habila, Chimamanda Ngozi Adichie, Tayie Selasie, Dinaw Mengestu o Chris Abani, por citar algunos. Ante todo, escriben en inglés. Además, han sido emigrantes, estudiantes, trabajadores o se han establecido en el extranjero. Son los escritores de África, sin estar-en-África.
A menudo en sus obras abordan la búsqueda de identidad de la diáspora, pero no siempre. La necesidad de volver la mirada hacia sus orígenes, hacia “esa casa” que añoran y tratan de entender bajo su nueva mirada propiciada por suCONTACTOcon otras realidades, también aparece con todo lo que esta “nueva lectura” del continente conlleva. Tensión que ha llevado en diversas ocasiones a debates en torno hacia dónde se dirige en realidad la literatura africana, con posturas irreconciliables.
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Un ejemplo de lo anterior lo tenemos en 2013CUANDO la escritora No Violet Bulawayo publicó su exitoso libro We need new names. En un artículo muy crítico, elTAMBIÉN escritor Helon Habila hablaba sobre lo que él consideraba escribir sobre todos los tópicos que se vierten en relación al continente africano en el resto del mundo: mutilación genital, niños de la calle, menores soldado, dictaduras, violencia política, prostitución de menores, dictaduras… Acusaba a Bulawayo deUNA extrema ansiedad por cubrir el máximo posible de “tópicos” sobre África en su novela:  hay un cadáver que cuelga de un árbol, hay Sida, hay violencia política, hay niños de la calle, y hay una menor embarazada tras ser violada por su abuelo…
La reacción no se hizo esperar. Brian Bwesigye interpelaba a Habila en otro artículopreguntándole qué debía de hacer un escritor africano preocupado por las condiciones en las que la mayoría de los africanos viven. YCONTINUABA, “El mensaje de Habila al escritor africano es bastante claro: No escribas sobre las personas que viven en el continente africano. No escribas sobre los temas que les afectan en el continente, especialmente si son políticos.” Para concluir, haciendo uso una vez más de la famosa charla de Adichie, “el peligro de una sola historia”, solicitándole lo contrario: “Al decirle a los escritores africanos que no escriban sobre una realidad que no le gusta, está construyendo una nueva historia única para África. No se combate una sola historia sustituyéndola por otra.”

Todo lo bueno llegará

“Al principio, me creí todo lo que me decían sobre laFORMA más adecuada de comportarse, hasta las mentiras más descaradas, pese a que tenía mis propias inclinaciones”
Esta es la frase con la que comienza la novela. Y yaDESDE las primeras líneas la escritora nos sitúa ante un personaje femenino que cuestiona la realidad en la que vive. Estamos en 1971, la vida de Enitan, quien vive con su padre, un abogado y activista, y su madre una mujer cuya religiosidad extrema se irá acentuando sobre todo a raíz de la separación conyugal, cambiará al conocer a su vecina, Sheri, una persona que procede de un entorno diferente, con la queINICIARÁ una amistad que llegará hasta la madurez de ambas.
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First Nigerian Independence Day
Con el trasfondo de un país en el que la políticaESTÁ muy presente (poscolonialismo, guerra de Biafra, golpe deESTADO, aparición de los militares) ambas amigas constatarán los límites que les impone la sociedad patriarcal en la que viven. Sus vidas irán transcurriendo parejas a lo largo de la novela, alumbrando dos caminos y dos intentos diferentes de salirse de la senda marcada por la tradición (Enitan) y amoldando dichos límites a su vida (Sheri). Así, el libro nos va adentrando en la reafirmación de la protagonista, contestando el papel que le asigna la sociedad en la que vive a la vez que completa un recorrido histórico por la Nigeria de los años 70-90.

Historia de mujeres

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Nigeria 1970
Nigeria 1970 Hausa girls
Nigeria 1970
Enitan, acaba diplomándose en Derecho en Londres y ejerciendo de abogada. Decidida a no retornar a una Nigeria gobernada por los militares, cambiará de decisión en 1984.”Para mi, volver a casa, a Nigeria, era como mudarme a la Inglaterra de los años 50″. Comenzará, así, a su regreso a trabajar para su padre pero sin posibilidades de obtener un sueldo lo suficientemente alto como para propiciarle una vida independiente. Y constata con amargura cuál es la situación de la mujer en su tierra “tenemos mujeres jueces, pero una mujer no puede legalmente pagar una fianza. Yo soy abogada. Si estuviera casada, me haría falta el consentimiento de mi marido para renovarme el pasaporte. A él se le reconocería el derecho a darme una bofetada o dos, siempre que no me ocasionara lesiones graves.” PÁG.155). La situación de la mujer aparece en la novela con independencia de la situación social-económica que se disfrute.
Sheri, por otro lado, tiene pocas opciones para sobrevivir en Lagos. Tras la muerte de su padre, necesita encontrar un medio de vida, peroENCONTRAR UN TRABAJObien remunerado es difícil en la ciudad. Además no es fertil, lo que supone que el matrimonio no es ninguna alternativa para ella. Así, acabará convertida en amante de un brigada, pero sin perder su autoestima. Paradójicamente la cocina, lugar habitual de la mujer, acabará convirtiéndose en su liberación, cuando comienza negocio de servicio de catering.
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Fotografía: © J.D. ‘Okhai Okeikere
En Todo lo bueno llegará abundan los diálogos. En uno de ellos, el padre de Enitan la interpela sobre la escasa visibilidad de las mujeres en la lucha contra el gobierno militar, echándole en cara el escasoACTIVISMO de las mujeres.”Sin maridos, mal marido, novia del marido, madre del marido. Los derechos humanos no estuvieron sobre el tapete hasta que no se vieron amenazados los derechos de los hombres. Nuestra Constitución no dice nada de ser bueno en casa. Y aunque el ejército se vaya, nosotras todavía tendremos que responder ante nuestros maridos. Así que, ¿qué quieres que digan las mujeres?”(PAG215) es lo que le responde.

La vida en Lagos

Uno de los logros más reseñables de la novela es el mostrar algunos aspectos (más o menos) desconocidos de la historia y de la sociedad de Lagos. En concreto, en relación a la guerra de Biafra, nos enseña un ángulo diferente que a menudo no solemos contemplar cuando hablamos de lo ocurrido en países en guerra: puede estar ocurriendo algo tremendo en una parte del país y el resto del mismo,CONTINUARigual, seguir con su vida cotidiana, al margen de lo que en el otro lado ocurre. También en Nigeria.
Me impresionaba lo distintas que habían sido nuestras experiencias de la Guerra Civil. Estando en la universidad, yo había llegado a reconocer que lo de Biafra fue un holocausto, leyendo memorias y libros de historia y viendo fotos de gente mutilada; de niños con los estómagos hinchados del kwashiorkor y la caja de las costillas fina como las venillas deUNA hoja. Casi siempre, sus padres habían muerto. Ejecutados. Pasados a machete. Reventados. Decapitados. HabíaREGISTRADOS casos de gente que bebía sangre y comía carne humana, de atrocidades del espíritu humano que sólo una Guerra Civil podía producir, mientras que en Lagos habíamos seguido con nuestras vidas como si todo aquello pasara en otro país. Nuestro jefe de Estado se casó y todo. cuando se acordó una tregua, me dijo Mike, fue porque los combatientes querían ver a Pelé jugar al fútbol. Pelé. Guerra Civil. Quise pensar que era broma. (pág.92)
Además, nos habla de la existencia de los mucamos y mucamas, sirvientes de fuera del país,EMPLEADOS domésticos, en su mayoría niños, que podían llegar a ser golpeados y privados de alimento como castigo, ante los que la protagonista no sePUEDE callar, “Yo había sugerido más de una vez que les separaban pocos grados de los negros del viejo Mississippi o de la Sudáfrica del apartheid.”(pág.234).
Sefi Atta escribe bien y su novela se lee con atención e interés de principio a fin. Tiene pasajes muy hermosos, de gran lirismo y satisface leer sobre la vida de una mujer que lucha por reafirmarse hasta el punto de optar por abandonar a su marido, sin infidelidad de por medio, quien la quiere mantener en suCONDICIÓN de mujer sumisa y que adopte el papel que se espera de una esposa. A este respecto, Oriyomi Adebare, en una reseña del libro para “Africa Book Club” señala que a pesar de gustarle el rol que asume Enitan en la novela, el cuadro que pinta Atta solo puede existir en un libro, al menos en lo que a las mujeres africanas se refiere. ¿Posee Todo lo bueno llegará, una mirada demasiado euro-americana?.
Nací el año de la independencia de nuestro país, y lo he visto debatirse furiosamente consigo mismo. La libertad no iba a ser un camino de rosas. Era una responsabilidad desde un principio, la de un pueblo, la de cada uno, por la que luchar, y a la que aferrarse. En mi nueva vida, eso significaba que habíaFACTURAS pendientes que tenía que pagar sola;recuerdos que  acunar y poner a dormir;lamentaciones que atrapar al vuelo y devolver;lágrimas, que simpere me aclaraban la vista (pág.368)

Ficha:

  • Título original: Everything Good WillCOME (2005)
  • Idioma: Original: Inglés
  • Traducción al castellano: Icaria Editorial (2008)
  • Traductor: Ignacio Villaro
  • Portada: Fotografía Will Curtis. Getty images
  • Páginas: 374
  • Premios: Premio Wole Soyinka de Literatura Africana
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El señor d ela casa

El señor de la casa
BEATRICE LAMWAKA
Kampala17/06/2014
Esta historia me llevará a un tiempo muy lejano. Un tiempo anterior a aquel en el que la tierra de mi padre, en el pueblo de Alokolum, se convirtiera en destino de miles de desplazados a causa de la guerra. Un tiempo en el que vivíamos en nuestro hogar, cultivábamos la tierra, íbamos a buscar agua al pozo, cortábamos y acopiábamos leña y, al atardecer, contábamos historias junto al fuego. Un tiempo en el que todos los acholi éramos una familia y comíamos malakwang, verduras, junto a nuestros vecinos, puru awak, cultivadas con la ayuda de los aldeanos. Cuando usábamos la palabra omera, hermano, y de verdad lo sentíamos aunque ese hermano viniera de fuera.AHORA todo ha cambiado. Hoy, Alokolum es un cúmulo de casas de chapa donde la gente se esconde tras las ventanas para observar con disimulo quién pasa por la calle. 
 La cortesía es cosa del pasado. Los aldeanos se comportan como si desconfiaran los unos de los otros. Ahora solo se habla de magendo, deCÓMO GANAR DINERO, y no de cómo está la familia. Esta historia es sobre ti, Lugul. Voy a contarla porque creo que merece ser escuchada. Mucha gente habló sobre ti, pero dejaron que tu historia se quedara enterrada con los muertos. La tuya no es la clase de historia que se narra junto al fuego y pasa de generación en generación. Pero es una historia que debe conocerse. Por eso, voy a contarla tal y como fue. Aunque no esté junto al fuego. Ahora vivo en Kampala, a trescientos kilómetros del lugar que una vez llamé mi hogar. Solo vengo a Alokolum una vez al año. Vengo a visitar las tumbas de las personas que amé, y no puedo contener las lágrimas que brotan de mis ojos al recordar sus vidas, aunque puede que nunca hable de ellos porque me resultaría demasiado doloroso. Pero de tu historia sí hablaré, Lugul. Mereces que alguien la recuerde porque tú nunca pudiste contarla.
Todo el mundo fue testigo de lo que hiciste, pero nunca diste tu versión. A veces me pregunto cuál es la lección que se esconde tras ella. Nadie sabía de dónde venías, pero todos te llamaban omera. Algunos decían que eras de Paminyai, pero nadie podía confirmarlo. Algunos decían: «Lugul es lapoya», un enfermo. Otros afirmaban que estabas poseído por los cen, los espíritus. Nunca le contaste a nadie de dónde venías ni por qué llegaste a Alokolum. Yo solo te veía durante el día, y nunca llegué a saber dónde pasabas las noches. No tenías casa propia, pero todo el mundo te recibía en la suya. Llegaste a formarPARTE de todos nuestros hogares, pero casi todos los días ibas a comer a la cabaña de mi madre.
Mi padre decía que los niños no debían acercarse a ti porque querrías enseñarles a cocinar, y que no sabías que por acercarte al fuego de la cocina se te quemaba el pene. Pero dijeran lo que dijeran, nada te impedía hacer aquello que más te gustaba. Seguías yendo a por agua y recogiendo leña para cualquiera que te lo pidiera. Las mujeres te adoraban. Regina, una mujer que apenas tenía comida en el granero, te llamaba todos los días para que la ayudaras. Pero pronto te disteCUENTA de que no podía darte nada de comer al final del día, y al terminar te marchabas a otras casas. Algunos decían que Regina no tenía escrúpulos y que pronto te haría un hombre. Otros decían que, aunque tenías pene, eso no era suficiente para convertirte en hombre. Nunca entendí lo que significaba aquello. 
Todavía hoy me pregunto qué significa. Siempre admiré la facilidad con la que cortabas la leña, aunque las demás niñas decían: «Es un hombre, por eso tiene tanta fuerza». Me hubiera gustado que los demás hombres de Alokolum cortaran la leña y que nosotras solo tuviéramos que cargarla, pero ellos nunca lo harían porque les habían enseñado que cortar y acarrear leña eraTRABAJO de mujeres. Mi madre nunca envió a Okello, mi hermano mayor, a buscar agua. También eso era trabajo de mujeres, así que nunca esperé que lo hiciera. Sin embargo, tú conocías bien el camino hasta el pozo porque traías bidones llenos de agua todos los días, como a mi madre le hubiera gustado que hiciera mi padre, pero solo era una ilusión. Al igual que a su madre, siempre le habían dicho que debía darle a su marido todo lo que necesitara. 
Yo la veía trabajar muy duro todos los días mientras mi padre se iba con los otros hombres a beber lacoyi, cerveza casera, al caer la tarde. Al final del día, él se quejaba de que estaba exhausto, y mi madre nunca dijo una palabra. Mi madre te llamaba todos los días para que vinieras a casa cuando íbamos a comer. Sabía que necesitabas un lugar al que llamar hogar. Te llamaba «su ayudante» porque la ayudabas cuando necesitaba cualquier cosa. Yo salía a buscarte y, cuando te encontraba, te llevaba y empezábamos a comer. Siempre decías apwoyo, gracias, después de cada comida. Mi padre nunca le dio las gracias a mi madre y me resultaba divertido oír cómo apreciabas su comida. Mi padre siempre se quejaba de la sal o del odii, la salsa de cacahuete, pero tú nunca lo hacías.Recuerdo el día que viniste a nuestra casa porque oíste gritar a mi madre. Mi padre le estaba pegando porque ella le había dicho que noTENÍAN DINERO para comprar lacoyi. Me alegré de que vinieras a detener aquello, aunque esa no fue la última vez que se pelearon. Te convertiste en el latek del pueblo, el que trae la paz. Siempre que había una pelea entre un marido y su esposa, tú acudías en ayuda de la mujer. No sé por qué tomaste esa decisión, pero estoy segura de que muchas mujeres estuvieron agradecidas. Empezaste a preocuparte por algo por lo que nadie se había molestado nunca, porque para ellos una pelea entre marido y mujer no era asunto de nadie más. 
Yo tenía unos diez años cuando apareciste en Alokolum. Veía cómo llevabas la leña sobre la cabeza. Una vez le pregunté a mi madre por qué mi padre no lo hacía también. Su única respuesta fue: «En rwot gang», es el señor de la casa. Y cuando le pregunté por qué tú no eras un rwot gang, me regañó por hacer demasiadas preguntas. Aquel día decidí que serías mi amigo, y que quería saber por qué no eras un rwot gang. Me escabullí de casa mientras mi madre preparaba la cena y fui a buscarte. No fue difícil dar contigo. Estabas en casa de Korina, partiendo leña con un hacha. Me quedé observando cómo levantabas el hacha sin ninguna dificultad, y cómo los troncos se partían en dos. Korina tePAGÓ con arege, ginebra casera. Te sentaste junto a su cabaña, mientras los demás hombres se sentaban bajo el árbol del mango a beber su arege. No te fuiste con los otros hombres cuando llegaron. Te resultaba más interesante la conversación de las mujeres. Aunque los hombres te llamaran: «Lugul bin imat arege ii kin coo», Lugul, ven y bebe con los demás hombres, tú los ignorabas.
No dijiste nada cuando un hombre, ebrio de arege, dijo: «Lugul obedo dako ma lacoo», Lugul es un afeminado. Parecía que no te importaba lo que la gente te dijera. Nunca contestabas a los hombres cuando te insultaban. Te limitabas a murmurar algo y te ibas a otro sitio. Algunos hombres te llamaban cobarde. Yo no creía que fueras cobarde, pero quería que les contestaras con la misma crueldad. Parecía que no reparabas en mí cuando te seguía por el camino hacia el pueblo. Ni una sola vez tePARASTE a preguntarme por qué iba siempre detrás de ti. Simplemente te dabas la vuelta y me mirabas, y entonces una sonrisa asomaba a tus labios. Yo sabía que aquello era nuestro vínculo. Tú eras mi amigo y yo era tu amiga. 
Cuando elNUEVO gobierno tomó el poder, te marchaste a la ciudad de Gulu. Mucha gente se fue del pueblo. Mi padre dijo que Alokolum era nuestro hogar y que debíamos quedarnos allí. Veíamos cómo la gente se alejaba con sus hatos sobre la cabeza para ponerse a salvo. Oíamos los disparos y el estallido de las bombas, pero permanecimos en Alokolum. Por las noches, salíamos de casa y dormíamos entre los arbustos. Nunca me quejé porque me sentía segura, aunque tenía miedo de poder encontrarme alguna serpiente entre las sábanas. Era feliz cuando regresábamos a casa porque no había ocurrido nada en el pueblo. Nadie dijo nada sobre por qué te fuiste. Te marchaste de la misma forma que habías llegado. Nunca más volvimos a verte en Alokolum. Uno de los aldeanos te vio una vez en Gulu, estabas ayudando con las labores de limpieza. Barrías las calles, recogías la basura, como habías hecho antes en Alokolum. Unos soldados te dispararon seis veces porque sospechaban que eras un espía.
Hoy estoy aquí de pie junto a tu tumba en la tierra de mi padre. Tu lápida está bien cuidada. Alguien ha arrancado las malas hierbas. Recuerdo cuando nadie estuvo dispuesto a que enterraran tu cuerpo en sus tierras.TRABAJASTE duro y ayudaste a todo el mundo con las cosas que la mayoría de ellos odiaba hacer. Mucha gente pensaba que estabas enfermo. Algunos decían que no te sentías a gusto con tu masculinidad.AHORA eso no importa. Cuando la noticia de tu muerte llegó a Alokolum, mi padre dijo que te daría un hogar en el que descansar. Dijo que eras un buen hombre y que el mundo no te había tratado bien. Nunca entendí ese cambio de actitud en él. Quizá, en el fondo de su corazón, te comprendiera, aunque nunca dejó de dirigirte severas palabras.
Ahora yace junto a ti. Murió en la guerra porque quiso ayudar a los heridos y a los enfermos. Quería permanecer junto a las gentes de Alokolum. No desistió ni siquiera cuando los soldados le acusaron de estar ayudando a los rebeldes, aunque eran los rebeldes los que asaltaban su casa y le robaban las medicinas. Los soldados le dispararon en la cabeza y le dejaron morir. Puede que mi padre se sintiera inspirado por ti para ayudar a los demás. Murió ayudando a la gente. Pero esta historia no es sobre mi padre. Esta es tu historia. Es la historia del hombre al que aquellos aldeanos no llegaron a conocer. Ojalá muchos hombres pudieran hacer lo que tú hiciste. 
Nadie sabía de dónde viniste, pero encontraste un hogar en un mundoNUEVO. Nadie te llamaba hombre porque ibas a sacar agua del pozo, porque cargabas con la leña sobre la cabeza. Hoy, eres para mí un héroe porque hiciste lo que querías hacer. Fuiste un rwot gang.
(*) Nacida en Alokolum, Beatrice Lamwaka es la Secretaria General de la Asociación de Escritoras de Uganda. Fue finalista del PEN/Studzinski Literary Award en 2009, otorgado por una organización de escritores con sede en Sudáfrica. Sus relatos han sido publicados en Reino Unido,ESTADOS Unidos y Sudáfrica. En 2011, fue candidata al premio Caine por su relato Butterfly