domingo, 17 de abril de 2016

viernes, 15 de abril de 2016

Mujeres africanas escritoras

8M: 8 Mujeres africanas feministas

Alejandro de los Santos 8 marzo, 2015
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Chinua Achebe se considera indiscutiblemente el padre de la literatura africana.  Sin embargo, casi nadie se plantea quien fue la madre de las letras de África. En Mozambique Noémia de Sousa fue la primera personalidad literaria en exhaltar la sangre negra transmitida por las madres negras de gran parte de la población mestiza. Sus libros están prácticamente agotados y la frecuente división de las antologías literatura africana según la lengua del colonizador, pocas veces destacan su breve, pero no menos relevante, incursión en la poesía. En la obra de los primeros novelistas africanos como Chinua Achebe, Ousmane Sembène o Ngũgĩ wa Thiong’o, la mujer aparece abocada a un papel de esposa tradicional y raramente se pusieron de manifiesto los cambios que se estaban produciendo en las sociedades modernas de África subsahariana. El mito de la mujer sumisa se propagó en los escritos surgidos en el período de las independencias y apenas se dio importancia a la literatura femenina de la época. ¿Quién conoce la obra de Marie Claire Matip, camerunesa que publicó sus primeros escritos en 1958? Pocos y quien quiera leerla tendrá que enfrentarse a vientos y mareas para tener acceso a sus libros.
Reducir el papel de la mujer africana a los tópicos con los cuales es representada en la mayoría de los casos, es negar una historia repleta de luchas y de logros. No podemos olvidar la contumacia de las amazonas negras del Reino de Dahomey, que se organizaron en guerrillas para combatir al colonizador europeo. Existen varios casos de poliandria en algunas etnias, a través de la cual la mujer puede sumar varios esposos. El matriarcado supone una estructuración familiar frecuente en diferentes puntos del continente como en Mauritania. Y no son pocas las activistas que tratan de acabar con la mutilación genital femenina en las zonas más afectadas por esta práctica bárbara. En el norte del continente la escritora argelina Assia Djebar no dudó en denunciar en sus libros los múltiples episodios de violencia y represión vividos por sus compatriotas. En Túnez, Marruecos y Egipto el activismo de las mujeres logró extrapolar muchas de sus reivindicaciones a las primeras Constituciones nacionales. De hecho presidente egipcio Gamal Abdel Nasser fue el primero en rechazar y mofarse de la imposición del velo a la que aspiraban los Hermanos Musulmanes ya en los años 50. En África subsahariana, Miriam Makeba en Sudáfrica, Margaret Ekpo en Nigeria o Adelaide Casely Hayford en Sierra Leona son verdaderos símbolos nacionales de la lucha femenina contra el colonialismo, el machismo y el racismo. Y en la actualidad, Ruanda es el único país del mundo con mayoría de representación femenina en el Parlamento.
En África las corrientes feministas son tan diversas como también lo es el continente. Es un tanto arriesgado hablar de “feminismo africano” en general, pues supone volver a encasillar y negar la diversidad de miras que ha existido, existe y existirá. En ningún caso podemos vincular estas posturas al llamado “black feminism” o “feminismo negro”, conceptos surgidos en la diáspora y que corresponden a contextos sociales que poco tienen que ver con la realidad de las mujeres africanas. Por lo tanto, nos centraremos en la obra de algunas de las escritoras que más han dado que hablar por su obra y posturas relacionadas con el feminismo en África.

1. Ken Bugul (Senegal)

RiwanUna de las voces que más controversia ha generado en el mundo occidental. La escritora senegalesa no duda en acusar a las feministas occidentales de imponer la universalidad de unas teorías y conductas que se apartan enormemente de las realidades sociales y de la estructuración de las sociedades africanas. Criticada en determinados círculos feministas por su “relativismo cultural”, Bugul relata en su obra Riwan o el camino de arena su experiencia como vigesimoctava mujer de un polígamo, en lo que describe como uno de los momentos más importantes de su vida. Su defensa de la libertad de elección sobrepasa una organización familiar que es tachada tanto en occidente como en círculos más progresistas de África como el súmmun de un machismo ancorado en tradiciones que impiden la emancipación de la mujer. Al igual que otras autoras feministas como la india Chandra Mohanty, rechaza contundentemente toda imposición teórica por parte de occidente por muy bienintencionada que sea.
Présence africane (francés), 2001│5,80 €│Ver aquí

2. Paulina Chiziane (Mozambique)

Niketche. Una historia de Poligamia. Paulina Chiziane. MozambiqueCriticada como obra desmedida y exagerada por parte muchos hombres de Mozambique, Niketche despertó un animado debate dentro de la sociedad de este país, por ser una de las primeras obras que indaga en las más diversas formas del machismo en los tiempos actuales. La obra analiza las consecuencias de las interdicciones de la poligamia en el sur del país como consecuencia de la colonización y la evangelización. A pesar de ello, continúa siendo una práctica habitual que tiene lugar paralelamente a los registros matrimoniales oficiales. Según Chiziane, el poder adquisitivo de una persona era lo que determinaba la posibilidad de casarse con una nueva mujer. Actualmente se impone un engreimiento viril más relacionado con una promiscuidad irresponsable que con la capacidad de mantener a otra nueva familia. La edición del libro en castellano está agotada por el momento, aunque está disponible en la red de bibliotecas públicas de las diferentes Comunidades Autónomas españolas. En portugués:
 Editorial Caminho, 2003│18,40€ │Ver aquí

3. Nawal El Saadawi (Egipto)

nawalActivista, psiquiatra y escritora de renombre internacional, El Saadawi fue encarcelada tras enfrentarse al gobierno de Egipto y posteriorimente se vio obligada exiliarse a Estados Unidos tras recibir amenazas de muerte por parte de los fundamentalistas. Conocida como la Simone de Beauvoir del mundo árabe, a pesar de su avanzada edad ha sido una de las voces más destacadas de las concentraciones revolucionaras ocurridas en la plaza de Tahrir. Según la autora la división de géneros presente en Egipcio obliga a que sigamos pensando en una diferencia entre sexos y luchando por la liberación tanto del hombre como de la mujer. Al igual que Emma Goldman con su célebre Viviendo mi vida,  la El Saadawi ofrece una amplia perspectiva de una vida dedicada a la lucha a favor de la dignidad de las mujeres en la obra Prueba de fuego.
Ed. Bronce, 2001│15 €│Ver aquí

4. Fatema Mernissi (Marruecos)

FatemaFue Premio Príncipe de Asturias de las Letras en el año 2003 y es una de las escritoras imprescindibles de lo que se conoce como “feminismo islámico”. Procedente de una familia iletrada, Mernissi se educó únicamente en escuelas coránicas y habló únicamente árabe hasta los 20 años. Ha publicado numerosos títulos que han sido traducidos al español, entre ellos El harén político: el islam y las mujeres o Las sultanas olvidadas. Este último libro constituye un recorrido inédito por la historia del Islam y nos permite descubrir la vida y labor de quince mujeres que tomaron el poder en lugares donde las competencias políticas eran un asunto exclusivamente masculino. Quince historias que quiebran toda visión arquetípica de la mujer musulmana como sumisa y débil. La virtud de Mernissi es precisamente poner de relieve la entereza y el espíritu de lucha que caracterizó a estos personajes históricos, el mismo que define a un buen puñado de feministas que se movilizan diariamente por derrumbar la dominación masculina.
El Aleph Editores, 2001│21,95 €│Ver aquí

 5. Ama Ata Aidoo (Ghana)

Nuestrahermanaaguafiestas(portada).inddUna de las primeras escritoras de Ghana que defendió la igualdad de sexos en un contexto de descolonización en el que los escritos reivindicativos sobre la situación de la mujer parecían quedar relegados a un plano secundario. Es tal vez una de las mujeres más originales, pues se aleja de los clichés de la mujer africana eminentemente rural y saca a la luz otras realidades sociales. A pesar de su importante labor literaria, el primer libro publicado en español lo editó Casa África hace apenas cuatro meses. Nuestra hermana aguafiestas no es precisamente una obra en la que se discuta la situación de la mujer como tema central, pues aporta una visión muy personal sobre los contrastes entre Europa y África. No obstante, Ama Ata Aidoo merece estar entre las ocho seleccionadas.
Literatura africana, 2014│14,25 €│ Ver aquí.

6. Buchi Emecheta (Nigeria)

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Con más de veinte obras en su haber, Emecheta imprime a sus historias un punto de vista en el que rechaza todo encorsetamiento tradicionalista que pueda afectar a la mujer. Entre sus temas predilectos se encuentran la esclavitud, la maternidad, la independencia de la mujer o la conquista de la libertad mediante la educación. Kehinde es uno de los pocos libros de su cosecha que han sido traducidos al español. La protagonista vive en Londres desde hace 18 años con su esposo y dos hijos. Allí goza de la libertad y el anonimato que permite esta ciudad. Por circunstancias de la vida vuelve a Nigeria, donde se enfrenta a unas tradiciones que chocan con su vida en Europa. Decepcionada y abrumada por el peso del machismo, decide volver a su exilio en la capital londinense, pues este contexto es el único de los que conoce que le permiten desarrollarse libremente como persona.
Editorial La otra orilla, 2008│18,05 €│Ver aquí

7. Yvonne Vera (Zimbabue)

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La historia de Mariposa en llamas ocurre en la ciudad de Bulawayo, en Zimbabue, durante una época en la que imperaba un sistema de segregación racial. Yvonne Vera construye un arduo escenario en el que la circulación de los negros y la vida diaria está determinada por la proscripción, la pobreza y la represión. En medio de este panorama, la autora da vida al personaje de Fefelafi, mujer soñadora que vive con total plenitud juventud. Enfermera de profesión, la protagonista tratará de hacerse un hueco en esa sociedad y desafiar los numerosos obstáculos que se imponen a una mujer negra en una sociedad dominada por el racismo y el machismo de los blancos.
Ediciones B, 2000│7,42 €│Ver aquí

8. Chimamanda Ngozi Adichie (Nigeria)

chimamanda-ngozi-adichie-we-should-all-be-feministsLa escritora africana del momento, con el éxito rotundo de su última novela Americanah, Adichie destaca por una magnífica retórica que convierte en viral prácticamente cada vídeo en el que aparece. Su conferencia Todos deberíamos ser feministas recorrió medio mundo a través de las redes sociales y hace unos meses una editorial de Estados Unidos decidió publicar su versión íntegra. “El feminismo no forma parte de nuestra cultura”, le dijo una profesora nigeriana a Adichie. Ella se sirve de argumentos como este, bastante habituales en África, para elaborar un discurso simple en apariencia, pero que ha servido de inspiración a miles de mujeres y hombres de todo el mundo. En una de las conferencias ofrecidas por la nigeriana en Suecia, en el turno de preguntas una mujer le confesó que tras escuchar esa ponencia decidió sumarse a las reinvindicaciones feministas, pues a su juicio son necesarias para que las mujeres puedan seguir conquistando los espacios de libertad que les son continuamente negados. El libro no está aún publicado en español. Más abajo podrán encontrar el link con la conferencia completa de Adichie subtitulada al castellano.
Fourth Estate, 20014 │6,66 €│Ver aquí

Malick Sidibé

Fallece Malick Sidibé, máximo exponente de la fotografía africana

Javier Mantecón 15 abril, 2016
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Esta mañana nos ha llegado la triste noticia del fallecimiento de Malick Sidibé, maestro indiscutible y máximo exponente de la fotografía africana de los años 60. Sidibé murió ayer en Bamako, capital de Mali, 14 de abril de 2016, como consecuencia de un cáncer.
Sidibé nació en Mali en 1936 y aunque su educación se centró en la profesión de joyero a través de lo que actualmente es el Instituto Nacional de Artes de Mali (INA), en 1955 entra a trabajar en el estudio de Gérard Guillat con el que aprende la técnica fotográfica. En 1962 abre su propio estudio en el barrio de Bagadadji en Bamako utilizando cámaras de pequeño formato.
El trabajo de Malick Sidibé toma reconocimiento mundial a través de una serie de reportajes entre 1957 y principios de los años 70 que nos muestran a una juventud maliense ávida por divertirse en fiestas y bailes populares en lo que serían los albores de la independencia del país saheliano.
A partir de ese momento y aprovechando su popularidad Sidibé recibe todo tipo de encargos en su “Studio Malick” en donde los jóvenes se acercan a proponerle sesiones heterodoxas y diferentes que el fotógrafo aprovecha como escenario de creación artística.
A partir de 1994 Sidibé comienza a vivir una segunda juventud exponiendo en galerías de medio mundo y en 2003 se le concede el prestigioso premio de fotografía internacional Hasselblad siendo el primer fotógrafo africano en recibirlo.
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miércoles, 6 de abril de 2016

Conceptos claros

Entrevista a Aminata Traoré

1°) Su trabajo
En tanto que mujer negra, enfrentada a los desafíos de este comienzo del siglo XXI como el olvido, el racismo y el menosprecio, escribo para existir y evadirme. Haciendo el camino me encuentro con otros pueblos, otras culturas, y me doy cuenta que la lógica de la dominación y del aprovechamiento abre las mismas heridas en todos los lugares. Tejo entonces nuevos vínculos y vuelvo a mi casa, enriquecida y fuerte por el dolor compartido, la esperanza y la fe reencontrada en el Hombre. 
 2°) La vida
Gracias a mi madre  tengo la idea de que la vida es una travesía. El nacimiento es el punto de partida y la muerte su fin inevitable. La Tierra es la nave a bordo de la cual nosotros navegamos. No se para jamás, somos nosotros, los pasajeros, los que subimos a bordo y bajamos cuando llega el momento. De ahí la importancia de hacerse cargo de ella y de dejarla en buen estado para las generaciones futuras. La travesía es menos agitada cuando sabemos cuidarnos los unos a los otros y compartir.
3°) La comunicación
La comunicación no es necesariamente un humanismo. Todo depende del uso que nosotros hacemos de los medios que están a nuestra disposición. En este momento, África forma parte de las regiones que están conectadas sin que su voz, ni incluso su presencia, cuenten a los ojos de los poderosos de este mundo. El puño de una mano, una mirada, una sonrisa, constituyen a veces una conexión mucho mejor al mundo real, de los hombres y de las mujeres reales allí donde la comunicación no es más que pienso y mercancía.
4°) Ciencia

El nivel actual del conocimiento es una oportunidad inestimable para la humanidad. Pero « la ciencia sin conciencia no es más que la ruina del alma ». La guerra de Irak, la situación dramática de los Palestinos y el empobrecimiento en marcha de África son razones suficientes para desconfiar de los progresos de la ciencia. Todo tiende a demostrar que ésta acentúa el desequilibrio de las relaciones de fuerza. Sólo la ética en la economía y en la política puede disciplinarla.
5°) Horizonte
Tengo fe en el Hombre y en su incomprensible deseo de dignidad y de libertad. Sé que un día llegará en el que las cosas volverán a ocupar el lugar que les corresponde; la política consistirá entonces en colocar a la economía al servicio de los humanos y no a la inversa.  La sociedad civil mundial que está en marcha es una de las razones para creer en ello.

Aminata Trao´re entrevistra

Aminata Traoré: "Para Ayudar a África hay que comprenderla primero"

Miércoles 1ro de marzo de 2006, por Fernando Gotilla
Aminata Traoré nació hace 58 años en Malí, cuna de una de las civilizaciones más esplendorosas de África, cuando desde París se manejaban los hilos de medio continente. Siendo una niña vivió la llegada de la independencia y, después, los sueños rotos que la siguieron: el socialismo pervertido, la dictadura, el partido único, la corrupción, la democracia, las medidas de ajuste estructural... Hoy, su país, gran productor mundial de algodón, es uno de los más pobres del planeta, mientras la antigua metrópoli ejerce todavía su poder en la sombra.

Aminata es la voz africana del movimiento alterglobalización. Principal impulsora del primer FSM celebrado en África. Mira al mundo desde el Sur. Un lugar desde el que todo se ve muy distinto. Su voz africana, profunda, ha resonado estos días en Bamako, capital de Malí, donde se acaba de celebrar la sexta edición del FSM. Por primera vez, África ha acogido la cita anual de los que buscan alternativas a la globalización neoliberal y ella es quien lo ha hecho posible. Doctora en psicología social y psicopatología, ex ministra de cultura, consultora de la ONU, activista, líder comunitaria, escritora..., Aminata es África, la de ahora y esa otra con la que sueña.
Uno de los economistas más influyentes del mundo, Jeffrey Sachs, dice que se puede acabar con la pobreza en 20 años, ¿cómo lo ve?
La cuestión no es la pobreza en sí, sino el mecanismo que la crea y la hace crecer. Si la cooperación internacional, la ayuda, significa crear una estructura mundial para que Europa y EE UU puedan ir a cualquier país y tomar lo que les venga en gana, entonces nunca se resolverá el problema, porque, en realidad, no es ese su objetivo.
¿Afirma que erradicar la pobreza choca contra los intereses de los países ricos?
Arrebatarle la riqueza a la gente y después fingir que se le quiere ayudar..., si no fuera tan triste, sería como para morirse de risa. De hambre, en este caso. ¿por qué habrían de cambiar su modo de actuar? Nos roban de un lado, nos devuelven unas migajas y lo llaman “cooperación”.
El plan de ayuda a África propuesto por Tony Blair al G8, ¿no cree que puede ser el inicio de un cambio a largo plazo?
No. Blair tiene problemas de credibilidad en su país por la guerra en Irak. África es excelente para limpiar su imagen. Pero al final siguen sin hacer lo que hay que hacer para auxiliarnos.
Suele decir que la globalización es una guerra...
Y tiene una agenda oculta. El objetivo de una guerra es dominar a los demás, otro país, el mundo... Las armas de la globalización son nuevas. Sin embargo, ésta no es una contienda honesta. Se libra contra personas que no son conscientes de esa dominación. La globalización no es otra cosa que occidentalización. Occidente quiere ser el centro del mundo.
Y África, ¿qué papel juega en todo esto?
Le daré algunas cifras: el 50 por ciento de las víctimas de las guerras está allí, la mayoría de los refugiados del mundo son africanos; nuestros niños son carne de cañón, pobreza, epidemias... Si hay una región en el mundo que paga un pesado tributo al mundo actual es África. ¿Lo merecemos? ¿Somos unos inútiles? No, la prosperidad del Norte está asentada en la explotación de otros lugares del planeta y éste contribuye enormemente. Los occidentales no ven el mundo al completo.
Habla del Foro Social Mundial como la gran oportunidad de la sociedad civil africana. ¿A qué se refiere?
En los países ricos, el debate gira alrededor del tipo de liberalización, el ritmo de la misma que la gente puede soportar... En África, los medios de comunicación dicen: “Ya que la globalización está ahí hemos de adaptarnos”. Pero no es para nosotros, sino contra nosotros. Tenemos que organizarnos para que no nos destruya.
A su país se lo empieza a conocer como la ’fábrica de inmigrantes’.
España también lo ha sido hasta hace poco y por razones parecidas: buscar mejores horizontes, dinero. A todos les gustaría quedarse donde han nacido, con su familia, sus amigos, sus referencias culturales...
¿Cómo ven los gobiernos africanos este éxodo?
Nuestros gobiernos sólo rinden cuentas a los países ricos. Así que los europeos no deberían sorprenderse si, como resultado de más crisis y más desempleo en África, ven llegar mucha más inmigración ilegal a Europa. Si los líderes demagogos consiguen organizar sus milicias en los países en guerra, es porque los jóvenes no tienen perspectivas.
¿Es posible cambiar el modelo económico africano, basado en la exportación y los monocultivos?
Llamarlo así no es correcto. Si fuera un modelo nuestro nos beneficiaría a nosotros. Desde la colonia nos hicieron creer que la única forma de desarrollo posible era producir para la exportación. Sembramos café, cacao, soja, pero ni siquiera nos quedábamos con los beneficios. Malí se lo jugó todo al algodón y se convirtió en el mayor productor del mundo. Al mercado le interesaba esta apuesta y nos prestó dinero. Pero la deuda es para comprar lo que te lleva a la ruina. Nos engañaron.
¿La deuda es la nueva forma de dependencia?
No sólo la deuda, somos tres veces dependientes: de los capitales, de la tecnología y de los expertos. Y ni siquiera podemos competir. Los ricos subvencionan su algodón para contentar a sus agricultores. Y como debemos tanto, viene el Fondo Monetario Internacional y nos impone un programa de ajuste estructural (reducir el gasto público, aumentar impuestos, abrir las aduanas y el mercado interior...) comprometiendo las inversiones en educación y salud. En África, el ser humano es secundario.
¿África pasa hambre porque dejó de cultivar lo que necesita para comer?
Es difícil saberlo. Malí dejó de cultivar mangos y tomates para satisfacer las necesidades de la población y se introdujo la lógica mercantil en el tejido social. Dedicamos todos nuestros recursos al desarrollo de los cultivos comerciales que interesan a los países ricos. Y al cabo del tiempo, Occidente se lamenta: “¡Oh, África, tiene hambre! Debemos enviarles comida”.
¿Qué opina de iniciativas como los macroconciertos solidarios del tipo Live 8?
Es demasiado ver a Blair junto con Bob Geldof lamentarse por África y organizar un acto con grandes celebridades. Todo esto de los conciertos reivindicativos sólo contribuye a agravar el asunto de la falsa ayuda, limpiando la conciencia de la gente. Es una ceremonia de catarsis colectiva y nada más.
¿Acusa a gente como Geldof o Bono de hacer el trabajo sucio a los políticos?
Geldof se ha convertido en un instrumento del sistema, aunque no creo que él sea consciente de ello. No queremos que nadie piense por nosotros.
¿Cómo ve a las ONG que trabajan en África?
No creo en las ONG caritativas. El problema es que las asociaciones y ONG que trabajan con fondos públicos se niegan a preguntarse por las malas acciones de la globalización.
La cooperación, sin embargo, puede funcionar. Usted misma aprovecha financiación extranjera para rehabilitar una barriada de Bamako...
La propia palabra lo dice: cooperar, trabajar juntos. Ese es el tipo de cooperación que aceptamos. No se puede llegar e imponer sin contar con la gente a la que, dicen, quieren ayudar. No ayudarás a África con dinero si no la comprendes primero.
Suele decir que Occidente ha triunfado a la hora de hacer que los africanos se enfrenten entre sí.
Así es. No podemos debatir asuntos políticos sin que las elecciones se conviertan en una oportunidad para matarnos los unos a los otros. Nadie cuestiona a los que toman las decisiones. Los políticos recurren al fraude, el soborno o las armas para no dar explicaciones. Las elites los apoyan con dinero, muchas veces procedente de la cooperación internacional, para aplicar políticas que se deciden en Washington, Bruselas y París.
¿No hay ningún país donde las elecciones hayan promovido cambios reales?
Sólo han servido para legitimar la depauperación de nuestros países. En el Tercer Mundo, para Occidente, “democracia” significa organizar elecciones y elegir a unos representantes. Al final, los elegidos representan los intereses de los países ricos. Es más, Occidente sólo promueve elecciones donde sabe que ganarán quienes les interesan a ellos. Y si no, le harán la vida imposible al ganador, como en Venezuela.
Política-economía-cultura son, para usted, términos inseparables. ¿Alguien le escucha en África?
Para nada. A los políticos no les preocupa la dimensión cultural, porque obtienen financiación de las instituciones multilaterales, que sólo confían en su propio concepto de desarrollo. Todos estos sujetos van por ahí desesperados por atraer inversión extranjera.
El inversor extranjero lo es todo, la gente no es nada. De su llegada se benefician todos, salvo el pueblo de Malí. Y cuando aparecen, traen la corrupción, contaminan nuestros ríos, nuestros ecosistemas, pagan salarios más bajos que en su país de origen a nuestra gente... ¡Dios mío, si tuviéramos un solo gobernante con valor para intentar cambiar las cosas!
Bueno, ya han tenido algunos, ¿no?
Desde los primeros días de la independencia, todos los líderes africanos que se atrevieron a decir: “Queremos ser nosotros mismos”, fueron considerados una amenaza para Occidente. Y, por consiguiente, eliminados o derrocados.
¿Cómo cambiar la forma en que se ve a África?
Es difícil. Las antiguas metrópolis intentan reescribir la historia, diciendo que el periodo colonial fue útil para nosotros. Este debate ocurre ahora en Francia (se refiere a una ley de educación que obliga, en la asignatura de historia, a dar una visión positiva de la colonia). Se trata de culpar enteramente a los africanos y alimentar la mala imagen que se tiene de nosotros.
¿Cuáles son los clichés que más le molestan?
Occidente mira al resto del mundo en términos de tener o no tener. Lo peor que le puede ocurrir a alguien es carecer de cosas materiales: “¡Oh!, ¿cómo alguien puede ser tan pobre?”. Sus valores y referentes se basan en el consumo. Se supone que es el mejor modo de vida conocido. Este es su imaginario y el que aplican para juzgar a todos los demás.
En su libro La violación del imaginario (Ed. Sirius) se queja de la incapacidad de los africanos para pensar por sí mismos...
Sí, es una especie de lavado de cerebro. La imagen que alimentas de ti mismo se ha creado en el exterior. Todo pasa por las palabras. La mayor parte de ellas no tiene traducción en nuestras lenguas. Los derechos del hombre, por ejemplo, son una invención del Norte. No pongo en duda la importancia de los valores, sólo digo que el Norte se ha apropiado del derecho a definir el mundo. La rehabilitación de nuestro imaginario violado es un reto económico, político y cultural.
¿Reivindica usted los tiempos previos a la colonia?
El orden neoliberal quiere transformar nuestras economías y sociedades por encima de nosotros, destruyendo nuestra visión del mundo y de nosotros mismos. No digo que el pasado fuera un paraíso; trato sólo de recordar a África que debe saber extraer lo mejor de su patrimonio cultural y socio-religioso.
Lo anterior a la colonia y la independencia era la venta a Europa y América de los propios africanos...
Así es. Ya sea sobre el plano económico, político, moral o humano, la trata de negros tuvo efectos terribles. Duró tres siglos y medio, hasta que la colonización tomó el relevo. Luego las independencias fueron presentadas como una mejora, pero, en términos de explotación, han sido mucho más eficaces. Hemos ido pasando de una forma de sometimiento a otra.
Usted era una niña cuando Malí obtuvo la independencia. ¿Cómo recuerda aquellos tiempos?
Para mi generación, la independencia dio lugar a una doble búsqueda: personal y nacional. Los líderes que emergieron tenían una fe tan grande en África que todo parecía posible. Crecí en esa atmósfera. Pero la Guerra Fría dividió África. Los esquemas que vinieron del Este tampoco sirvieron. Se obligó a los campesinos a organizarse en estructuras colectivistas que no tenían nada que ver con nosotros.
Desde hace años trabaja por la integración social de la mujer africana. ¿Cómo es la situación actual?
Cada vez hay más mujeres apoyando todas estas ideas de cambio de las que hablo. Pero sus preocupaciones siguen siendo no enfermar, sobrevivir al parto y que el marido tenga trabajo. Les gustaría ir a la escuela, pero, en los 80, el Banco Mundial dinamitó las iniciativas de algunos países para implantar la educación universal.
España aprobó una proposición de ley que permite perseguir la ablación del clítoris cuando se produzca fuera de nuestras fronteras. ¿Qué le parece?
La ablación es un problema grave, pero los que dicen luchar “por la dignidad de la mujer africana” ignoran el entorno en que se produce. Las mujeres mueren de hambre, de sed, por falta de asistencia médica.., pero están más interesados en su clítoris que en conocer sus verdaderos problemas. La destrucción de África es mucho peor que la ablación. Si se hiciera algo para evitar la primera, sería más fácil combatir la segunda.
En Liberia acaba de ser elegida la primera presidenta de África, ¿es una anécdota o un gran avance?
Es un gran avance. La cuestión es si tendrá oportunidad de cambiar las cosas o acabará poniendo en práctica políticas dictadas desde Washington.
¿Qué cambiaría si fuera presidenta de Malí?
No está en mi agenda, pero el debate sobre la cultura es esencial. Hay que relanzar la producción, la de bienes, pero también la del sentido común, los valores morales, responsabilizar a nuestros dirigentes... Debemos luchar por la reapropiación de nuestro destino.

Esta entrevista ha sido publicado en Umoya (Federación de Comités de Solidaridad con el África Negra) el pasado 31 de enero.

Aminata Traoré

El monólogo europeo ante la migración africana. Aminata Dramane Traoré y Nathalie M’Dela-Mounier

 
 
 
 
 
 
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naufragio africanos
¡Basta! ¡Basta de maniobras de diversión!
Son, eran, serán centenas, miles, centenas de miles en partir para no volver nunca. Y como de costumbre, tras el tiempo de la emoción y de la indignación vendrá el del olvido y la indiferencia. Son, eran, serán todos olvidados porque unas políticas económicas excluyentes y asesinas continuarán provocando paro y pobreza en masa, conflictos armados y calentamiento climático.
A lo largo de los últimos veinte años, casi 30.000 personas han muerto a las puertas de Europa, 3.500 en 2014. Desde comienzos de enero de este año 2015 que Europa ha proclamado «año del desarrollo», se estima en 1.700 el número de muertos, con seguridad más pues esta contabilidad macabra es aventurada.
Europa no puede contribuir a remediar esta tendencia mortífera de la evolución del mundo globalizado sino admitiendo lo que Michèle Rivasi, diputada europea del partido Europa Ecología los Verdes (EELV), recuerda a propósito de Malí: «la necesidad de analizar el fracaso del desarrollo económico que ha deslegitimado la democracia. Los jóvenes dejan el país porque carecen en él de porvenir. Sin embargo, Malí tiene recursos en el sector agrícola o minero». Esta llamada de atención es válida para los conflictos armados: los jóvenes toman igualmente las armas en nombre de la etnia o de la religión cuando el desarrollo económico no cumple sus promesas.
¡UNA CUMBRE MÁS! Y ESTA VEZ, ¿ENTRE SÍ?
De una cumbre a otra, los dirigentes occidentales y africanos han avalado la idea según la cual el desarrollo cubrirá las necesidades del continente y, por lo tanto, las de los candidatos a la emigración. Así fue con ocasión de las conferencias euro-africanas de Rabat (julio 2006), Trípoli (noviembre 2006), Uagadugú (mayo 2008), París (noviembre 2008)… Esta vez, los europeos debaten entre ellos. En la urgencia, han decidido reunirse en Bruselas para soluciones de emergencia. Cada Estado balbucea, tira balones fuera y pasa palabra a su vecino. Se trata, se subcontrata, se confina, se externaliza, se proyecta un archipiélago de campos de retención lejos de las miradas, de los derechos, incluso si se hace sin convicción…
Los dirigentes africanos que se dejan persuadir de que ha llegado nuestro turno de aprovecharnos de la «feliz mundialización», y a los que basta con acelerar el ritmo de crecimiento llevándolo del 5% al 8 o al 9%, van a tener que atemperar su entusiasmo. Los jóvenes subsaharianos, con sus muertes en el desierto o en el mar, les interpelan de igual forma que Europa. Más allá de estos dos continentes, los Estados Unidos de América y la organización de Naciones Unidas (ONU) están concernidos por esta hecatombe que vale por sí misma como balance de los Objetivos del Milenio para el Desarrollo (OMD) que finalizan este año. ¿Los dirigentes europeos querrán interpretarlo en estos términos?
¡NO! LOS TRAFICANTES NO SON LOS PRIMEROS CULPABLES
El joven tunecino de 27 años y sus dos camaradas que han sido arrestados deben, indiscutiblemente, responder por sus crímenes. Pero los traficantes no constituyen sino el último eslabón de una larga cadena de responsables. Además, en el pasado, los mismos emigrantes fueron tratados como «terroristas». Porque es políticamente incorrecto alegar un argumento como éste frente a tantos seres humanos desesperados que vienen de tantos lugares diferentes, se pone el acento en la responsabilidad de los traficantes. Ellos serían los primeros culpables a reprimir.
Más que los emigrantes y sus itinerarios, las redes, la situación de los países de origen y de tránsito, es la naturaleza de Europa la que está en cuestión. Además de las relaciones de dominación que sostiene con África, a quien impone su modelo de desarrollo, se atrinchera, se transforma en fortaleza pero también en cárcel. La cuestión no es solamente saber si hace lo suficiente y cómo se implica para salvar vidas humanas en el Mediterráneo. Sino ¿qué hace y que hará en origen en los países de los que son naturales los candidatos a partir? Y ¿por qué las soluciones previamente tomadas en diferentes cumbres no han impedido esta catástrofe? La Europa fortaleza, cuyos expertos militares han participado en la elaboración del «concepto estratégico», ha igualmente erigido en el interior de sus fronteras/murallas centros de retención administrativa en cuyo interior pisotea, a la vez, el derecho internacional de asilo y la Declaración Universal de los Derechos del Hombre de 1948, que estipula «el derecho de toda persona a dejar libremente cualquier país, incluido el suyo».
Sí, oímos hablar de corredores humanitarios, de normas de seguridad, del Frontex, de la vigilancia en las fronteras, de la presencia militar e imaginamos también a los cocodrilos que frecuentan emboscados esas aguas, vagamente soñolientos o vigilantes, dispuestos a castigar, a emerger, a cerrar la trampa de sus mandíbulas sobre la carne tierna de los sueños, a devolver al soñador imprudente a su orilla, vivo o muerto.
Sí, oímos hablar de duplicación de los medios de Tritón, de ampliación de su radio de acción, de inspección de los barcos a lo largo de las costas libias y de intervención en el «origen» en Libia.
¿LIBIA? ¡HABLEMOS DE ELLO!
Sumamente edificante resulta la Tercera cumbre África-UE, los días 29 y 30 de noviembre de 2010, en Libia, en la que Muammar Gaddafi acogió, con gran pompa, a los dirigentes de 80 países africanos y europeos. Los participantes se habían puesto de acuerdo en torno a un «plan de acción» para una colaboración África-UE que fuese de 2011 a 2013. Creación de empleo, inversiones, crecimiento económico, paz, estabilidad, emigración y cambio climático estaban en el orden del día.
En lugar de esta perspectiva, Libia ha sido desestabilizada y el Guía libio matado. Además de la proliferación de armas provenientes de los arsenales libios, decenas de miles de trabajadores originarios del África subsahariana y del Magreb han perdido su trabajo. Estos han engrosado las filas de los demandantes de empleo en sus países de origen, dispuestos a partir a cualquier precio.
Jean Pierre Chevènement, antiguo ministro de defensa y de interior, refiriéndose a Nicolas Sarkozy dice, a propósito de la inmigración en Europa, algo que desde nuestro punto de vista es válido para la proliferación de armas en el Sahel y la fuerza de choque de los yihadistas, «La Libia de Muammar Gaddafi tenía muchos defectos pero ejercía un control sobre sus fronteras». «Nosotros hemos violado la resolución de Naciones Unidas que nos otorgaba el derecho de proteger a la población de Benghazi, hemos ido hasta el cambio de régimen» ha deplorado.
Se arresta a los traficantes. ¿Quién llevará ante la Corte Penal Internacional (CPI) a los causantes de la guerra en Libia de la que Malí es la primera víctima colateral en África subsahariana? Es pernicioso plantear la cuestión de la gestión de las consecuencias de esta injerencia en términos de «servicio post-venta» que no habría sido garantizado. La verdad es que, pura y simplemente, no tendría que haber sucedido porque la democracia no se exporta. En honor a los que dan lecciones de democracia recordamos que:
– La gobernanza empresarial nada tiene que ver con la gobernanza democrática, participativa y respetuosa de los derechos humanos.
– El clima de los negocios no tiene que ver más con el clima social que la salud de la economía liberalizada con la de los seres humanos.
– La seguridad de las inversiones no es la seguridad humana.
NEGACIÓN DE LA REALIDAD
Mucho antes que Grecia, Portugal y otros países europeos hoy confrontados al paro, la precariedad y el miedo al futuro, nosotros hemos sufrido, desde la década de los 80, la medicina de caballo del ajuste estructural. «Contra la austeridad, por la igualdad, la justicia económica y social» son las consignas de los pueblos de Europa que habrían podido ser movilizadoras y cohesionadoras aquí también, en Malí, en el Sahel y en África, de una manera general, si las víctimas africanas del capitalismo mundializado y financiero estuviesen bien impregnadas, ellas también, de las causas estructurales del paro y de su empobrecimiento. La casi totalidad de los emigrantes en dificultad no habrían asumido el riesgo de partir si las políticas económicas puestas en práctica fuesen creadoras de empleo. Las reglas de la Organización Mundial del Comercio (OMC) son profundamente destructoras. «Estamos amenazados por un genocidio, una catástrofe de una amplitud tal que hará más víctimas que el balance acumulado de todas las guerras y las catástrofes naturales que la historia ha conocido», previene Sami Nair del hecho de la apertura de la agricultura a la competencia en noviembre de 2001 por parte de la OMC (Entrevista acordada con Ake Kilander en la revista sueca FiB/K nº 2, febrero 2006). El control de las sociedades trasnacionales sobre las tierras cultivables excluirá a más campesinos y campesinas de la producción. «Un trabajador agrícola bien equipado podría reemplazar a 2.000 campesinos pobres. Tres mil millones de personas no podrán ser absorbidas por la industria, incluso con un crecimiento extraordinario».
En las regiones en conflicto, la inseguridad entorpece cualquier actividad económica. Agricultores, ganaderos, pescadores, comerciantes, artesanos no pueden ocuparse de sus tareas. Los emigrantes proceden de todos estos oficios. Los Acuerdos de Colaboración Económica (APE, en sus siglas en francés) impuestos a los Estados africanos no contribuyen a mejorar esta situación. Como tampoco el TAFTA (TTIP: Tratado Trasatlántico de Libre Comercio) –que se traducirá también en la supresión de las barreras tarifarias y aduaneras entre los Estados Unidos de América y Europa– es ventajoso para los pueblos de Europa. A la vista de esta realidad, una solidaridad de combate se impone entre los pueblos del mundo y, en este caso, entre los de África y Europa.
¡SON NUESTROS HIJOS!
La gran cantidad de mujeres, a veces con sus hijos, a bordo de embarcaciones que se hunden en el Mediterráneo, rara vez es mencionada y destacada. ¿Por qué? Porque contrariamente a las violencias domésticas, sexuales y sexistas cuya instrumentalización permite justificar la injerencia, la violencia inaudita del sistema capitalista y depredador es ocultada. Pero, en el drama de la emigración, las mujeres están omnipresentes en tanto que madres, esposas y emigrantes.
Cada emigrante engullido por el Mediterráneo o por el desierto es uno de nuestros hijos. Los gritos de los que hoy perecen en el fondo de las calas se añaden a los que se han hundido en el vientre del Atlántico en los tiempos malditos de la trata, inscritos tanto en nuestra carne como en nuestra memoria.
En tanto que madres, sobre la escena del mundo globalizado, vemos desplegarse el destino de nuestros hijos convertidos en parados, emigrantes «clandestinos», narcotraficantes, rebeldes y, actualmente, yihadistas. No bajamos los brazos. Desde los acontecimientos de Ceuta y Melilla, hemos, por nuestra parte, alertado e intentado encontrar alternativas a esas partidas de la desesperación, así como una vida digna para aquellos que nos son devueltos con la muerte de los otros en su alma atormentada. Pero ¿cómo retenerlos en el contexto económico descrito?
Desde Thiaroye en Senegal, las madres y las viudas de los emigrantes desaparecidos en el mar, con la valiente Yayi Bayam Diouf a la cabeza, han venido a vernos a Bamako, en Malí. Después, con las madres y las viudas de los emigrantes malienses desaparecidos en las mismas condiciones, nosotras hemos ido a su vez a Thiaroye donde, al borde de la mar glotona que devora a nuestros hijos, nos hemos recogido. Hemos rezado por aquellos que ya no están y por los supervivientes, más bien los muertos-vivientes, que nos son devueltos.
Porque somos esas madres inquietas y pensantes, porque nuestros hijos están en peligro, porque nuestro mundo vacila, asustado pero ciego y sordo a su dolor, permanecemos vigilantes y rechazamos que ellos sean sacrificados sobre el altar del mercado rey.
SON SUS RIQUEZAS
¿A quién pertenecen los recursos mineros (oro, platino, hierro, bauxita, coltán, níquel, estaño, plomo, manganeso, plata…), energéticos (petróleo, gas natural, uranio…), agrícolas (café, cacao, algodón…), forestales, pesqueros y otros de los que la economía mundializada tiene cruelmente necesidad? Pertenecen a esos hijos que vienen a morir a las puertas de Europa. Para nuestra desgracia, la seguridad energética de la que depende el crecimiento, la competitividad y el empleo en Francia y en Europa está, en parte, ligada al acceso a las fuentes de petróleo, de uranio, de gas así como a las vías para su transporte. Los países de origen de los emigrantes indeseables y desechables, del Sahel y del Magreb, que rebosan de estas riquezas, se convierten en campos de batalla.
Francia y Europa deben reconocer que todos somos perdedores. Por todas partes los ojos se abren. ¿París cree realmente defender el rango y la imagen de Francia en el mundo instrumentalizando el Consejo de seguridad y violando sus resoluciones tal y como ha hecho en Libia? ¿Defiende de forma duradera los intereses de las empresas francesas cuando los pozos de petróleo y las minas de uranio y otros recursos estratégicos se convierten en polvorines? ¿Defiende a los franceses y a su libertad de circulación cuando las zonas declaradas de riesgo, cuyo número no cesa de aumentar, les son prohibidas? Acabaremos todos confinados.
LA CONVERGENCIA DE LAS LUCHAS: EL ÁFRICA Y LA EUROPA DE LOS PUEBLOS
Bruselas se declara conmocionada. Tiene una ocasión histórica de decir la verdad sobre el conjunto de causas de esta tragedia y hacer así justicia a los pueblos expoliados y humillados de África. Ciertamente es pedirle demasiado. Pero debe hacerlo, no solamente por respeto a las vidas que se propone salvar sino también por sus propios pueblos de los que una buena parte sospecha que ha debido sucederle a África lo mismo que le sucede en este momento a Grecia, España e Italia.
No concebimos cómo un modelo económico que no resuelve la papeleta a los pueblos de Europa podría sacar a África del atolladero. Son los lobbys (algodoneros, petroleros, mineros, del armamento y otros) quienes deciden la política exterior de las potencias occidentales. «Estamos rodeados» apunta Susan George a propósito de lo que ella llama «la autoridad ilegítima» en Europa. «Lobistas al servicio de una empresa o de un sector, PDG (Presidentes Directores Generales en sus siglas francesas) de trasnacionales cuya cifra de negocios es superior al PIB de varios países en los que éstas están implantadas, instancia cuasi estatal cuyas redes tentaculares se despliegan bastante más allá de las fronteras nacionales: toda una cohorte de individuos y de empresas que no han sido elegidos, que no rinden cuentas a nadie y cuyo único objetivo es amasar beneficios están en vías de tomar el poder y orientar la política oficial.»
Tanto el incremento de los flujos migratorios hacia Europa como la rebelión en el norte de Malí y la yihad son consecuencias del fracaso lamentable del desarrollo económico de África en el marco de la mundialización capitalista; consecuencias que Europa no tiene la voluntad ni el buen juicio de ver ni de comprender a través de todos esos cuerpos errantes o sin vida ante sus puertas.
Hay que terminar definitivamente con las relaciones totalmente desequilibradas y esencialmente orientadas hacia los intereses de Europa, de las finanzas y del comercio.
A riesgo de ver nuestro mundo zozobrar.
El naufragio sería entonces global.
Otra colaboración franco-maliense y euro-africana se impone sobre la base de un auténtico diálogo.
Aminata Dramane Traoré
Nathalie M’Dela-Mounier
(Bamako, 22 de abril de 2015)
(Traducción de Juan Montero y Antonio Lozano)

domingo, 3 de abril de 2016

Hot sur




Hot Sur de Laura Restrepo, una novela total

Patricia Lara Salive
Hot Sur es, según la revista Arcadia, “la gran novela de Laura Restrepo”, una obra de “gran mestizaje, no sólo de idiomas sino también de géneros”: novela, ensayo, reportaje, teatro, thriller, road movie y monólogo.
Por: Patricia Lara Salive

Y según la literata Carmiña Navia, especialista en la obra de Laura, “Hot Sur es un momento culminante”. Es “una novela total”, como definió Vargas Llosa a Cien años de soledad: “novela total”, dice Carmiña, “en la línea de esas creaciones demencialmente ambiciosas que compiten con la realidad real de igual a igual”.
En efecto, Hot Sur es una obra monumental, de 560 páginas, que retrata el choque de distintas culturas. Es la gran novela del desarraigo que anticipa, a su vez, el final del sueño americano.
Dándole la vuelta a una frase de Oscar Wilde –“cuando uno se va es porque ya se ha ido”, Pro Bono, uno de los personajes del libro, dice: “cuando un imperio se cae, es porque ya se ha caído”. Y Hot Sur es justamente el retrato de esa antesala de la caída del imperio que estamos viviendo ahora, cuando la economía de Estados Unidos ha dejado de ser la panacea y, en medio de la voracidad de la sociedad de consumo, en las calles de Nueva York la pobreza salta a la vista reflejada en los ojos de los limosneros que aumentan cada día.
Como dice la autora, cuyos libros han sido traducidos a cerca de veinte idiomas y en el 2004 obtuvo el Premio Alfaguara con su novela Delirio, “no hace falta que todas las estructuras del imperio se derrumben materialmente para que el cataclismo sea un hecho. Ya se ha abierto un proceso de descomposición en todos los niveles, y eso difícilmente tiene vuelta atrás. Quizás falten décadas para que sea definitivo el gran colapso de los Estados Unidos. Pero ¿qué pasa cuando un imperio deja de ser el sueño tanto de sus propios habitantes como de los que están por fuera, cuando ya no es la utopía sino la distopía? Justo en ese punto de quiebre quiere ubicarse Hot sur”.
Hot Sur, thriller divertido y aterrador a la vez, maravillosamente construido, narra la historia de Bolivia, una madre colombiana que lucha, como tantas, porque sus hijas alcancen también, como sea, el sueño americano y lleguen a esa América que les ha pintado como el paraíso, no obstante que ella ni siquiera tiene un techo. Pero cuando sus hijas alcanzan ese “paraíso,” más bien se internan en el infierno y una de ellas, María Paz, quien ha trabajado como encuestadora, acaba casándose con un policía gringo y rubio que resulta ser traficante de armas, lo matan, y ella va a parar a una cárcel, acusada injustamente de ser la asesina de su marido. Y allí aprende a sobrevivir en ese mundo sórdido y se refugia en la escritura, gracias a que participa en un taller literario cuyo profesor también es víctima de uno de esos crímenes que en el libro se suceden unos a otros y que el lector no puede dejar a un lado hasta que no descubre su a autor. Pero cuando María Paz abandona la cárcel, se encuentra con que el verdadero infierno está afuera...
Esta novela, dedicada a Javier, un condenado en Estados Unidos a 30 años de prisión, con quien Laura Restrepo mantuvo una correspondencia que le permitió captar lo sórdido del encierro, es un estallido de libertad.
Laura la presentó hace poco en España y en Colombia, y ahora la está lanzando en toda América Latina. ¡Vale la pena leerla!
  • Patricia Lara Salive | Elespectador.com