martes, 27 de junio de 2017

Una mujer India Jankee

Jankee: la historia de supervivencia de una viuda en India

Jankee: la historia de supervivencia de una viuda en India
Lucas Vallecillos
Tenía 18 años cuando murió su esposo. Lleva casi media vida en Vrindavan. Con el tiempo, ha ido superando su inseguridad. Ahora es un modelo para las otras viudas
LUCAS VALLECILLOS
DOMINGO, 25 DE JUNIO DEL 2017
Jankee tiene 34 años y lleva casi la mitad de su vida viuda: su marido murió cuando tenía 18 años. Y reside en Vindravan, ciudad que alberga a cerca de 20.000 mujeres que han perdido a sus esposos, desde hace más de una década. Es la primera viuda con la que Diana Ros entabló contacto en el año 2008 cuando aterrizó por primera vez en la ciudad de Krishna. Con el transcurso de los años, lo que más le ha sorprendido de ella ha sido su capacidad de rehabilitación, superando la anulación como persona a la que estaba sometida hasta conseguir empoderarse como persona.

Jankee viste ropa de colores y se pone pulseras y collares, signos de rebeldía en una viuda

«Sobre todo cómo ha ido perdiendo el miedo, cómo ha ido ganando confianza en su carácter, se ha ido fortaleciendo. Durante el último año se han producido los cambios físicos y psíquicos más notables. Entre los físicos, me sorprendió mucho verla con el pelo suelto, es rarísimo en una viuda. Ya sabes que cuando eres viuda no puedes llevar joyas, y ella en cambio ha ido retomando su feminidad, siendo más presumida, volviendo a esas pequeñas cosas que nos gustan a algunas mujeres: ponernos pulseras, collares, pintarnos las uñas», apunta Ros. Se le dibuja una sonrisa cuando habla de las actitudes o cambios psíquicos ante la vida que han trasformado a Jankee. «Algo tan simple como reír, bailar, sentarse a tomar un chai,pequeños placeres que les están negados a las viudas. Y sobre todo querer disfrutar de vivir la vida y tener deseo de trabajar». Desde luego, nunca identificaríamos a Jankee con una viuda al cruzarnos con ella por las calles de Vrindavan. Hoy lleva las uñas pintadas de rojo, viste ropas de colores y se tapa la cabeza con un pañuelo ornamentado con motivos vegetales.

EL ACOSO DE LOS PROXENETAS

Cuando Diana Ros conoció a Jankee era una persona desconfiada, insegura y con miedo. Aún recuerda las primeras palabras que le espetó el primer día que el equipo de SOS Mujer quiso hablar con ella: «'No sex'», lo que evidencia el principal problema con el que deben lidiar las viudas jóvenes, los proxenetas que las acosan continuamente, realizando falsas promesas, y ofreciendo dinero. Sin embargo, Jankee no cayó en las redes de la prostitución debido a su fortaleza interior. «Solo se tiene a ella para protegerse y no puede confiar en nadie porque han debido de hacerle mucho daño», indica Ros, haciendo referencia a la soledad personal y social que debe enfrentar una viuda en una sociedad donde la red familiar y las amistades son fundamentales para salir adelante.

Su antigua casa fue arrasada por el monzón; ahora tiene una vivienda modesta de adobe que ha construido con sus manos

Después de casi 10 años de relación, Jankee nunca ha hablado de su pasado, ni de cómo fueron las circunstancias que le condujeron hasta Vrindavan. En alguna ocasión, Ros ha preguntado; pero Jankee solo ha respondido con incomodidad y malestar. Sin lugar a dudas, quiere olvidar. Su antigua vivienda fue arrasada por el monzón debido a que estaba casi en el cauce de un río. En la actualidad, tiene una modesta casa de adobe construida con sus propias manos. La ha ubicado en un sitio más elevado para evitar que se inunde durante un nuevo episodio de lluvias torrenciales. Aquí vive junto a tres perros que le hacen compañía y le alertan de la llegada de desconocidos. El lugar es muy austero, sin agua ni luz, pero está muy orgullosa del espacio que ha creado.

NUTRICIÓN, HIGIENE Y COSTURA

En numerosas ocasiones se le ha ofrecido un lugar mejor para vivir, pero no quiere moverse de su casa. Ha adquirido, o recuperado, una personalidad fuerte que le permite enfrentarse a las adversidades con determinación. «Ya no tiene miedo, es capaz de decir lo que piensa, se puede enfrentar incluso a hombres», señala Ros. Sin lugar a dudas, es todo un ejemplo de superación y de los frutos que el trabajo de SOS Mujer está generando en Vindravan. La evolución de Jankee ha sido tan buena que ha empezado a desempeñar labores dentro del equipo de trabajo, con el fin de empatizar mucho mejor con las viudas en los talleres de nutrición, higiene y de costura que realiza la ONG.

Una trilogía palestina

Una trilogía palestina

19,90€
Una trilogía palestina reúne en un solo volumen las tres principales novelas de la literatura palestina del exilio. Con ellas Gasán Kanafani causó una revolución en la narrativa árabe por lo renovador de sus argumentos y la belleza de su prosa.
En Hombres en el sol (1963) tres hombres de tres generaciones distintas se encuentran en el vientre de un camión cisterna para escapar ilegalmente de los campos de refugiados donde viven.
Lo que os queda (1966) narra la historia de dos hermanos, Hamed y Mariam, ante su destino: él ha de enfrentarse al desierto y al tiempo; ella, al marido maltratador que pretende repudiarla.
Um Saad (1969) es el nombre de una palestina, madre de un muchacho que se enrola con los fedayín. Una mujer incombustible y perenne como la rama de vid que un día decide plantar delante de su casa.
Tres estadios evolutivos en la historia del pueblo palestino contados en paralelo desde múltiples ángulos y voces, que le supusieron a Kanafani la concesión a título póstumo del Premio Lotus de la Unión de Escritores Afroasiáticos.
Traducido del árabe por María Rosa de Madariaga
Precio sin IVA: 19,13 €
PVP: 19,90 €
272 páginas
EAN: 978-84-942805-4-2 | IBIC: FA

 
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GKanafani

GASÁN KANAFANI

(Acre, 1936-Beirut, 1972) fue un periodista, dramaturgo y novelista palestino. Siendo niño sufrió en sus carnes la guerra que siguió a la proclamación del Estado de Israel y hubo de partir al exilio junto a su familia. Por ello, la Nakba, «El Desastre», como los palestinos llaman al éxodo forzado de su pueblo a partir de 1948, está siempre presente en su obra literaria. Fue uno de los fundadores del Frente Popular para la Liberación de Palestina, militancia que compaginó con sus trabajos de periodista y escritor. Murió asesinado en Beirut el 8 de julio de 1972 junto a su sobrina Lamis, de 17 años, mediante una bomba colocada bajo su automóvil por los servicios secretos israelíes. Con apenas 36 años se convirtió en el gran renovador de las literaturas árabe y palestina, ya que, a pesar de su vocación realista, la obra de Kanafani recurre a estructuras narrativas complejas y a un lenguaje poético y estilizado, rico en símbolos y metáforas. Autores como Mahmud Darwish lo citaron como uno de sus principales referentes.

Gioconda Belli, Sobre la grama


Gioconda Belli, retratada en Barcelona.
Gioconda Belli, retratada en Barcelona. JOAN SÁNCHEZ
El último libro de Gioconda Belli (Sobre la grama, Navona) es su primer libro, pero en España no lo conocíamos, nunca se había editado aquí. Lo escribió en la cúspide del amor, del sexo, cuando su cuerpo descubrió la física y la química de la caricia salvaje. Cuando publicó esos versos, a sus 20 años, los veteranos de la literatura de Nicaragua, su país, donde nació hace 67 años, la celebraron como “una revelación histórica”. Le dijeron: “¡Escribí!”.
Luego ha escrito más versos, novelas, ha ganado premios muy graves (como el Sor Juana Inés de la Cruz, el Biblioteca Breve, el Anna Seghers de la Academia de Artes de Alemania…). Fue revolucionaria sandinista y perdió esa fe al tiempo que otros, como Sergio Ramírez. Ahora sigue viviendo en Managua; viajó en mayo a Barcelona para ser parte de un recital mundial de poesía y allí presentó Sobre la grama, que lleva una portada de Rousseau en la que la serpiente le entrega la manzana del placer a la Eva desnuda de la selva. Sobre fondo verde, la foto transmite sensualidad y, así es la cosa, pecado.
Fue una conversación cerca de la plaza de Cataluña de Barcelona. Con el libro delante. Aquí es preferible dejar que aparezca como monólogo.
“Me encanta Rousseau. Y la desnudez. Este libro fue el descubrimiento de la desnudez y de la poesía… Significó saberme quién era. Era muy jovencita cuando me casé, tenía 18 años, era positiva y optimista y me casé con un hombre sumamente negativo y pesimista. No sabía cómo interpretar lo que me estaba pasando, por qué el sueño tan romántico tan pronto se destrozó… A esa edad lo quería hacer todo, e irme de casa. Este hombre apareció; le gustaba leer, era melancólico. Creí que casado podía cambiar, que yo lo iba a alegrar y que lo iba a hacer feliz. Cuando me cortejaba era muy simpático”.
“¡Y un día me habló de Knut Hamsun! Yo era un ratón de bibliotecas y me encantó que él leyera a Hamsun. Eso me enamoró, y que fuera guapo. Me enseñó luego lo que era la sexualidad, pero de manera inocente. ¡Yo creía que los testículos eran dos cosas que colgaban de bolsitas diferentes!”.
Tras publicar los primeros poemas mi marido me dijo: “No vuelves a escribir uno sin que yo lo lea”
“Eso de los testículos me lo explicó con dibujitos. Nunca hicimos el amor hasta que nos casamos. ¡Yo no entendía por qué había que esperar! Pero la virginidad no me parecía tan importante: ¡lo hacías casi todo!… Sí, en el libro hay una gran entrega, pero es para otra persona. Tras el casamiento todo se diluyó, ya no había romanticismo, todo lo que había imaginado que iba a ser la relación amorosa se esfumó. Así que el libro viene del enamoramiento de otra persona. ¡Aquel hombre era un solitario encerrado que se ponía el pijama el viernes y se lo quitaba el lunes, veía la televisión! Y yo era una chavala con ganas de vivir. ¡No lo entendía!”.
“En el trabajo conocí a un poeta fantástico que me empezó a hablar de literatura. Me hablaba de poesía, del Frente Sandinista, de lo que se hacía en Nicaragua en una época de gran efervescencia cultural antisomocista. Se reunía con poetas, y yo iba de oyente. Mi familia era acomodada, pero antisomocista, de un antisomocismo sin esperanza. En ese grupo del poeta vi que sí había esperanza, la salida era la revolución sandinista”.
“Esa revelación me llevó a la poesía y a mi reconocimiento como mujer y a la revolución. ¡Podía cambiar el mundo! El poeta me metió en ese mundo. Me separé del marido. Volví. Me volví a separar del marido. El poeta me gritó: ‘¡Escribí!’. Me lo tomé sumamente en serio. Hasta entonces había escrito cartas; y en ese momento me metí en mi cuarto, ante mi máquina de escribir, y de ahí salió el primer poema, ‘Y Dios me hizo mujer’. ¡Y seis más! Se los llevé al poeta. Me dijo que estaban buenísimos, pero que había que apretarlos, como a los nacatamalitos, una especie de polenta y plátanos que se hierven apretados y se toman calentitos. ¡A un poema no le puede sobrar ni faltar nada!”.
“Le dimos los poemas a un gran escritor, Pablo Antonio Cuadra, director del suplemento literario de La Prensa. Fue un éxito. Yo tenía 20 años. Pusieron en el periódico: ‘Una nueva voz en la poesía nicaragüense’. ¡Feliz de la vida! Lo mejor que me pasó como escritora. Al día siguiente llegué a casa de la familia, oronda. ¡Mis tíos estaban horrorizados de que yo me hubiera atrevido a publicar esos poemas! Y mi marido, el lector de Knut Hamsun, me dijo: ‘No vuelves a escribir un poema sin que yo lo lea’. Me di cuenta de que había tocado algo subversivo: ¡mi gozo amenazaba! ¿Y por qué una mujer no puede expresar todo esto? Yo había leído poesía erótica de Tomás Segovia, de Rubén Darío… ¿Y por qué no una mujer?”.
Tuve miedo hasta que me hice dueña de mi cuerpo y de mis palabras
“La reacción de mi marido no me hizo dejar de escribir. Tuve la enorme suerte de que los poetas grandes de Nicaragua, José Coronel Urtecho, Pablo Antonio Cuadra, Carlos Martínez Rivas, empezaron a escribir que yo era la maravilla, el descubrimiento. Ante esas autoridades mis familiares callaron y mi marido, pues también. Fue una sensación rara: para los hombres parecía que yo había descubierto la sexualidad y me miraban de una manera libidinosa. Pensé: ‘O termino como la mediocridad de este país o hago lo que quiero y que me critiquen’. En eso fui valiente”.
“Empezaron a decir que mi poesía era vaginal. Entraba en un lugar y sentía que todo el mundo murmuraba. Era muy incómodo. Empecé a ir a un psicólogo. Tenía problemas en mi matrimonio. Y el psicólogo me dijo: ‘Ponte el vestido más sexy que tengas y sal al mundo, no tengas miedo’. Tuve miedo hasta que me hice dueña de mi cuerpo y de mis palabras. Sentí que estaba haciendo algo hermoso y que no tenían por qué meterse en mi vida. La sociedad estaba podrida. Alrededor estaba la rebeldía feminista, la rebelión de la juventud. Principios de los setenta. Germaine Greer, Betty Friedan, Doris Lessing, Julia Kristeva… Me metí en el Frente Sandinista, tuve el valor para agarrarme a esa lucha y mi vida cambió totalmente. Mi manera de ver la vida”.
—Y usted se enamoró también de Nicaragua.
—Sí, total. Me enamoré de Nicaragua, de lo que podía hacer Nicaragua, ¡me enamoré también de mí misma! ¡Sentí que tenía un poder como mujer!
De eso también va el libro, de ese paisaje interior que fue para ella el descubrimiento del cuerpo y el descubrimiento del paisaje de Nicaragua, “el país chiquito que se resiste a morir”, como dijo, además, recientemente.
Sobre la grama. Gioconda Belli. Navona, 2017. 134 páginas. 14 euros.