sábado, 14 de febrero de 2009

NUEVE VECES EL ASOMBRO

IX. DE LA CAMBIANTE ANATOMÍA DEL SEXO

ALBERTO RUY SÁNCHEZ .


73. Dicen que en Mogador los cuerpos parecen iguales a los de cualquier otro sitio del mundo pero, cuando se les ve de cerca, uno se da cuenta de que son muy distintos. Y más que cuando se les mira cuando se les siente, incluso a la distancia. Es decir, cuando se empieza a estar bajo su dominio. Sucede entonces algo más radical que estar adentro o tenerlo dentro: el sexo en Mogador crea a su alrededor esa área indescriptible con pocas palabras donde hablar de magnetismo absoluto, instintivo o animal, es tan sólo un pálido comienzo.

74. Que cuando se habla del cuerpo, al llegar al sexo en Mogador se produce un salto extraño en la mente y por lo tanto en el lenguaje: la gente describe inmediatamente lo invisible del acto y del cuerpo. El estudio de la anatomía mogadoriana incluye lo que no se toca ni se mira pero se siente. Algo muy natural entre sonámbulos.

75. Por eso se cree que en Mogador las personas son muy imaginativas y hasta delirantes cuando hablan de su sexo. No lo hacen por presumir. No se jactan de ningunas cualidades excepcionales. Simplemente piensan que la parte más larga del sexo siempre se lleva dentro: es el cuerpo del delirio amoroso que aflora levemente en un poco de carne caprichosa colgando o hundiéndose arrugada en la parte exterior de la piel.
76. Dicen que el placer inmenso que pueden dar esas partes diminutas comparadas con el inmenso delirio interno que las sustenta es como un espejismo, un signo de otra cosa, una señal de que lo importante está más adentro y hay que lanzarse a buscarlo en el cuerpo del amante. Que quienes entienden esa relación entre lo invisible y lo visible a través del sexo han dado un paso importante hacia la felicidad. Comienzan a ser sonámbulos.

77. “Piensa sólo con su sexo” es algo que se dice en Mogador de muy pocas personas para dar a entender que son excepcionalmente brillantes, de inteligencia sutil, abiertos, penetrantes, osados, lúcidos y nada egoistas.

78. Nadie habla del tamaño del sexo de hombres o mujeres en Mogador porque se sabe que eso sí importa pero que se trata de algo maleable, cambiante sin cesar, siempre con la posibilidad de sorprender o decepcionar. El tamaño del sexo no es una cualidad, un calificativo, sino una especie de imposible “verbo anatómico” que se conjuga de maneras muy distintas con cada amante.

79. Ha sido muy difícil describir el sexo de los Mogadorianos hasta en tratados de anatomía. Todo se revuelve en la cabeza de quienes de verdad pretenden conocerlo. En sus palabras las vaginas se convierten en flores hermanadas con el sol, en imagenes obscuras del húmedo calor de la noche. En agua profunda que trastorna a nadadores rituales. Los penes son confundidos con ausencias duras o suaves palabras de significados fuertes, con piernas o brazos o dedos o narices grandes o soplidos extraños o música de una trompeta dentro del cuerpo o un grito dividido en mil semillas de granada, cada una de sabor infinito. Aunque, claro, estas descripciones que a muchos parecen imprecisas describen tal vez de manera más acertada y profunda la verdadera anatomía del mogadoriano.

80. En Mogador, el órgano sexual que se considera más obsceno, poderoso y radical es la boca. Ella desencadena pasiones, toca, moja, muerde, dice. Ninguna otra parte del cuerpo iguala sus posibilidades de dar y tomar al otro, disparar sus miedos más íntimos y sus placeres más espontáneos. La boca reina entre los cuerpos que se aman convirtiendo a todo lo demás en metáfora, en imitación, en imagen de la boca. Por eso las palabras en Mogador son consideradas la parte central del acto amoroso. Se les trata con cuidado, se les devora con deleite, se les guarda y se les dice con delicadeza.

81. Que hay en Mogador sexos que llenan mejor al amante hasta cuando están fuera. Y otros que lo envuelven con perfección y agitada extrañeza, incluso a la distancia. Se habla en Mogador de la forma anatómica del sexo como de “la presencia sonámbula”. Presencia y realidad innegables del deseo.

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