
Libros, poemas, imágenes, miradas, leemos en los objetos cotidianos, nos apropiamos de herramientas con las que construir una realidad más apacible, cómplice y alegre. Te escucho....cuéntame. Leer es partir, es emigrar, una ventana, un aire nuevo en el que envolverse y cubrir lo que nos rodea. Gracias por tus comentarios.
domingo, 4 de junio de 2017
Medineando
01:00:05 25 jun 2015 Juan Goytisolo, último escritor galardonado con el Premio Cervantes, es una de las grandes figuras de la literatura española. El documental traza el recorrido hacia el sur, primero en España y después en Marruecos, que ha marcado la biografía sentimental e intelectual del autor y las sucesivas rupturas y reconstrucciones que han convertido a Goytisolo en un "imprescindible" de la cultura española
Muere Goytisolo en Marrquech
Muere el escritor español Juan Goytisolo en Marrakech
Fuentes del Consulado Español en Casablanca señalaron que la muerte se ha producido "por causas naturales"

Parise, también residente en Marrakech, dijo que el escritor estaba muy delicado de salud en los últimos meses, en los que tuvo que ser hospitalizado en varias ocasiones.


Era hermano del poeta José Agustín Goytisolo (1928-1999), y del escritor y académico Luis Goytisolo (1935). Estudió Derecho en la Universidad de Barcelona y tras la publicación de sus dos primeras novelas, vivió exiliado en París, entre 1956 y 1969. Tras su exilio parisino, Goytisolo vivió en EEUU, donde fue, entre 1969 y 1975, profesor de Literatura en las universidades de California, Boston y Nueva York.
Su obra abarca diferentes géneros, la narrativa, el reportaje, el ensayo, la literatura de viajes, el cuento y hasta las memorias. Además, colaboró durante décadas en el diario 'El País', para el que fue corresponsal de guerra en Chechenia y Bosnia.
Además del Cervantes y el Premio Nacional de las Letras Españolas 2008, posee el Premio de Literatura Latinoamericana Juan Rulfo (2004), el Premio de las Artes y las Culturas de la Fundación Tres Culturas (2009) o el Octavio Paz de Literatura (2002). También fue galardonado con el Premio Internacional Don Quijote de la Mancha (2010); el Premio Mahmud Darwish de la Universidad palestina de Birzeit (2011, Ramala) o el Premio Cultura, Planeta y Océanos Sostenibles (2012).
Será enterrado en Marruecos
El escritor será enterrado en Marruecos en los próximos días, aunque se desconoce el cementerio donde será sepultado.Goytisolo, que residía desde hace décadas en Marrakech, tenía una conexión especial con la ciudad ocre, y fue el principal impulsor de que su famosa Plaza Yamaa al Fna, en el centro de la ciudad, fuera declarada Patrimonio cultural inmaterial de la Humanidad en 2001.
En el labrinto sirio
En el laberinto sirio
La historia de estos cinco años es la de una serie de ocasiones perdidas para intervenir cuando era posible hacerlo
Se cumplen ahora cinco años de la guerra civil o, por mejor
decir, guerra contra la población civil de Siria, y el balance de la
misma es abrumador: 300.000 muertos, cuatro millones de refugiados
repartidos entre Turquía, Líbano, Jordania y, desde el pasado año, la
Unión Europea, además de ocho millones de desplazados en el interior de
su propio país. Es la mayor tragedia humanitaria desde la II Guerra
Mundial y la impotencia de la ONU y de las democracias occidentales ante
tal sangría es tan indignante como patética.
La historia de estos cinco años es la de una serie de ocasiones perdidas para intervenir cuando era posible hacerlo: durante la rebelión ciudadana, alentada por la primavera árabe, contra la brutalidad represiva de Bashar el Asad –el asesinato y tortura de un adolescente de Deraa cuyo “crimen” consistía en haber trazado un grafito contra el tirano-, y el enfrentamiento entre éste y los rebeldes no se había transformado aún en guerra abierta. Y el 23 de agosto de 2013, cuando el régimen cruzó las líneas rojas del empleo de gases tóxicos contra su propia población y Obama se desdijo de su palabra y aceptó la mediación interesada de Putin para la entrega y eliminación de aquellos a cambio de su no intervención militar.
A partir de aquel momento la suerte estaba echada. Lo que nos han enseñado estos cinco años es que El Asad y su protector Putin son mejores ajedrecistas que sus rivales.
Al comienzo del conflicto, el dictador de Damasco liberó a más de un
millar de islamistas que purgaban sus penas en las mazmorras del régimen
para que se unieran al bando enemigo y lo radicalizaran, avalando así
su argumento de que se enfrentaba al terrorismo, ya fuera del Frente Al
Nusra afín a Al Qaeda, ya del autotitulado califato islámico.
Mediante dicha estrategia mataba dos pájaros de un tiro: por un lado fortalecía sus vínculos con aquellos sectores de la población –alauíes, cristianos, drusos, laicos- que temen justamente la barbarie yihadista y, por otro, podía presentarse ante la opinión mundial como una opción menos mala que la representada por el adversario. Sin que le temblara la mano, El Asad ha centrado sus ataques en los grupos rebeldes del Ejército Libre de Siria en vez de los extremistas del Daesh atizando de paso la rivalidad entre ambos y limitando sus acciones a la defensa del perímetro útil: el eje que va de Damasco a Alepo y el bastión alauí de Latakia y Tartús en donde su padrino Putin dispone de la única base naval rusa en toda la cuenca del Mediterráneo.
En la fase actual de la internalización del conflicto –Turquía, Arabia Saudí, Qatar y Emiratos Árabes apoyados por Occidente frente al arco chií de Irán, Hezbolá y Bagdad con el sostén militar de Moscú- el cinismo de unos y otros a costa de millones de fugitivos que se agolpan en las puertas de Europa, no tiene límites. Pero mientras Putin sabe muy bien lo que quiere –apuntalar el régimen de El Asad y situarse como protagonista ineludible en el juego de ajedrez que se ventila recuperando para su país su estatus de gran potencia anterior al derrumbe del régimen comunista de 1989, Obama y sus aliados solo saben lo que no quieren: verse atrapados como en Afganistán e Irak en una guerra que amenaza con extenderse e incendiar a todo Oriente Próximo.
En tanto que Putin y El Asad mueven sus fichas mediante los bombardeos indiscriminados de las zonas rebeldes, recuperan el terreno perdido y completan el cerco a la martirizada Alepo, el bando contrario al dictador de Damasco se desgarra en función de estrategias opuestas: Turquía bombardea a los kurdos sirios, los mejores aliados de Occidente en su guerra contra el Estado Islámico, y éste gana posiciones contra los rebeldes no extremistas debilitados por la ofensiva del régimen.
Los ataques aéreos de Estados Unidos y sus aliados contra objetivos del Daesh corren el riesgo de provocar choques de graves consecuencias como el que causó el derribo de un avión ruso por la defensa aérea turca y abrió un duro pulso entre Putin y Erdogan. Entre tanto, el veto de Moscú a todas las resoluciones del Consejo de Seguridad paraliza las sanciones al régimen de El Asad, Europa se ve desbordada por la llegada de más de un millón de refugiados procedentes de Turquía y Grecia, las conversaciones de paz de Ginebra y Múnich se convierten en letra muerta en la medida en que Damasco no detiene su ofensiva sobre el terreno y el genocidio del pueblo sirio y la destrucción del país se prolongan día tras día sin que por ahora se vislumbre una salida aceptable al conflicto.
La historia de estos cinco años es la de una serie de ocasiones perdidas para intervenir cuando era posible hacerlo: durante la rebelión ciudadana, alentada por la primavera árabe, contra la brutalidad represiva de Bashar el Asad –el asesinato y tortura de un adolescente de Deraa cuyo “crimen” consistía en haber trazado un grafito contra el tirano-, y el enfrentamiento entre éste y los rebeldes no se había transformado aún en guerra abierta. Y el 23 de agosto de 2013, cuando el régimen cruzó las líneas rojas del empleo de gases tóxicos contra su propia población y Obama se desdijo de su palabra y aceptó la mediación interesada de Putin para la entrega y eliminación de aquellos a cambio de su no intervención militar.
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Mediante dicha estrategia mataba dos pájaros de un tiro: por un lado fortalecía sus vínculos con aquellos sectores de la población –alauíes, cristianos, drusos, laicos- que temen justamente la barbarie yihadista y, por otro, podía presentarse ante la opinión mundial como una opción menos mala que la representada por el adversario. Sin que le temblara la mano, El Asad ha centrado sus ataques en los grupos rebeldes del Ejército Libre de Siria en vez de los extremistas del Daesh atizando de paso la rivalidad entre ambos y limitando sus acciones a la defensa del perímetro útil: el eje que va de Damasco a Alepo y el bastión alauí de Latakia y Tartús en donde su padrino Putin dispone de la única base naval rusa en toda la cuenca del Mediterráneo.
En la fase actual de la internalización del conflicto –Turquía, Arabia Saudí, Qatar y Emiratos Árabes apoyados por Occidente frente al arco chií de Irán, Hezbolá y Bagdad con el sostén militar de Moscú- el cinismo de unos y otros a costa de millones de fugitivos que se agolpan en las puertas de Europa, no tiene límites. Pero mientras Putin sabe muy bien lo que quiere –apuntalar el régimen de El Asad y situarse como protagonista ineludible en el juego de ajedrez que se ventila recuperando para su país su estatus de gran potencia anterior al derrumbe del régimen comunista de 1989, Obama y sus aliados solo saben lo que no quieren: verse atrapados como en Afganistán e Irak en una guerra que amenaza con extenderse e incendiar a todo Oriente Próximo.
En tanto que Putin y El Asad mueven sus fichas mediante los bombardeos indiscriminados de las zonas rebeldes, recuperan el terreno perdido y completan el cerco a la martirizada Alepo, el bando contrario al dictador de Damasco se desgarra en función de estrategias opuestas: Turquía bombardea a los kurdos sirios, los mejores aliados de Occidente en su guerra contra el Estado Islámico, y éste gana posiciones contra los rebeldes no extremistas debilitados por la ofensiva del régimen.
Los ataques aéreos de Estados Unidos y sus aliados contra objetivos del Daesh corren el riesgo de provocar choques de graves consecuencias como el que causó el derribo de un avión ruso por la defensa aérea turca y abrió un duro pulso entre Putin y Erdogan. Entre tanto, el veto de Moscú a todas las resoluciones del Consejo de Seguridad paraliza las sanciones al régimen de El Asad, Europa se ve desbordada por la llegada de más de un millón de refugiados procedentes de Turquía y Grecia, las conversaciones de paz de Ginebra y Múnich se convierten en letra muerta en la medida en que Damasco no detiene su ofensiva sobre el terreno y el genocidio del pueblo sirio y la destrucción del país se prolongan día tras día sin que por ahora se vislumbre una salida aceptable al conflicto.
Adiós a Goytisolo
Muere el escritor Juan Goytisolo a los 86 años en Marrakech
El narrador barcelonés obtuvo en 2014 el Premio Cervantes
Fue autor de novelas como 'Señas de identidad', 'Juan sin tierra' o 'Makbara'
Madrid
Si la muerte de Lange, ocurrida en 1996, marcó su vejez e inspiró la novela que cierra su obra narrativa —Telón de boca (2003)—, su infancia estuvo marcada por otra muerte: la de su madre, Julia Gay, en 1938 durante un bombardeo de la aviación franquista sobre la Ciudad Condal. Aquella desaparición dejaría al cuidado de su padre a los hermanos Goytisolo (Marta, José Agustín, Juan y Luis) y funcionaría como hito sentimental en la obra de los tres varones cuando se convirtieron en escritores.
Debutante como narrador en los años de la literatura social de posguerra —su primera novela, Juegos de manos, es de 1954—, Goytisolo siempre estableció una relación directa entre su abandono del realismo y la asunción de su homosexualidad. A contar esa evolución personal, remontándose a la infancia, consagró en los años ochenta del siglo pasado dos magistrales libros autobiográficos: Coto vedado y En los reinos de taifa.
El verdadero parteaguas de su obra es, sin embargo, una novela prohibida en España hasta la muerte de Franco cuyo título provisional salió de un verso de Luis Cernuda, referente intelectual de Goytisolo junto a autores como José María Blanco White o Américo Castro: Mejor la destrucción, el fuego. El libro se publicó en México en 1966 con un título que haría fortuna: Señas de identidad. Con 35 años, Goytisolo cambiaba la narración tradicional en tercera persona por una suerte de “verso libre narrativo” en la que se mezclan las personas verbales, los tiempos y los materiales hasta formar un collage de estirpe vanguardista. “Señas de identidad nace de la insatisfacción respecto a mi propio trabajo”, decía. “Con los primeros libros había cumplido con mi deber de ciudadano, pero no con mi deber de escritor: devolver a la literatura algo distinto de lo que recibiste. Sin la idea de novedad no hay obra verdadera, y yo no había roto con el canon literario”.
Novelas como Reivindicación del conde don Julián, Juan sin tierra, Makbara, Las virtudes del pájaro solitario o Carajicomedia recurrieron a la experimentación formal para abordar asuntos tan tradicionales como las miserias políticas y literarias españolas, la tradición sufí o la mística sanjuanista. En paralelo, y fruto de sus trabajos para EL PAÍS, Goytisolo fue publicando en forma de libro sus reportajes sobre el Sarajevo asediado durante la guerra de los Balcanes, sobre Argelia o sobre Chechenia. Además, consagró una serie de documentales para Televisión Española, Alquibla, a divulgar la cultura musulmana. Siempre tuvo a gala ser el único escritor español que hablaba árabe desde el Arcipreste de Hita.
Goytisolo vivía en Marrakech con lo que él llamaba su “tribu” —la familia de Abdelhadi— pero nunca dejó de viajar a París para visitar a la hija y a la nieta de Monique Lange o a Barcelona para hacer lo propio con sus sobrinos, de los que hablaba con una devoción doblemente conmovedora en alguien poco dado a las efusiones.
En 2008 publicó El exiliado de aquí y allá, una secuela –“tal vez innecesaria”, decía él mismo- de Paisajes después de la batalla, su novela más parisina. Cuatro años más tarde vio la luz una breve colección de poemas: Ardores, cenizas, desmemoria. En marzo de 2015, semanas antes de recibir el Cervantes, depositó en la Agencia Balcells un libro inédito con la orden de que se publique 10 años después de su muerte. Cuando se le preguntaba por el contenido, Goytisolo contestaba, lacónicamente, que trata “sobre asuntos sociales y personales”. Nunca una respuesta tan plana habrá retratado mejor la obra de alguien que cruzó hasta el final sus zozobras vitales con las de su tiempo.
genios y brujas habitan en Socotra
“Si hay genios y brujas están en la isla de Socotra”
Jordi Esteva ha filmado la legendaria tierra del ave Roc
Barcelona
Ningún hombre es una isla, decía John Donne, pero si alguna vez un hombre lo ha sido, ese es Jordi Esteva y la isla es Socotra.
Desde que de pequeño puso el dedo sobre el mapa en esa minúscula porción de misterio enclavada en el Índico entre Somalia y la península arábiga y se conjuró para algún día visitarla, como así lo hizo, Socotra o Socotora o Suqutrah en árabe, ha excitado la imaginación del escritor, fotógrafo, cineasta y viajero y ha alimentado sus sueños.
Tras escribir un libro inolvidable Socotra, la isla de los genios (Atalanta, 2011), que nos reveló a muchos la esencia y los arcanos del lugar, su relación con las leyendas del ave Roc y el Fénix, con los cuentos de Simbad, con los mitos de los griegos, los romanos y los árabes y su peculiar riqueza botánica (como el árbol de sangre de dragón, el drago, cuya resina roja era muy apreciada por los gladiadores para curar las heridas, el alóe, o el árbol de la mirra, o incluso la planta de la inmortalidad), Esteva ha vuelto con una película impactante bajo el brazo, un documental titulado igual que el libro y que lleva ya semanas paseando por los festivales internacionales.
Socotra, la isla de los genios, de 64 minutos, en un fantasmagórico y sobrio blanco y negro que captura magníficamente la atmósfera sobrenatural y la belleza del paisaje, ha podido verse recientemente en el Visions du Réel de Nyon, en el Festival de Málaga y el Ethnocineca de Viena, y se proyectará ahora en el de Cine Africano de Tarifa y Tánger (FCAT). Incomprensiblemente, no en el Docs Barcelona, que arranca hoy. “No lo han querido, no soy profeta en mi tierra”, zanja Esteva (Barcelona, 1951). La suya es la única película jamás filmada hablada en socotrí, la lengua local, que se relaciona con la de la legendaria reina de Saba y que está desapareciendo sustituida por el árabe.
¿Qué aporta el filme al libro? “En el libro, aunque había fotografías, no pude darle tanta importancia a la imagen. Ahí quería que el lector se imaginara ese mundo a través de mis palabras y lo materializara en su cabeza. Esto es una visión diferente. Otro lenguaje. En el cine te puedes recrear en las texturas, los ambientes, los rostros. También he cuidado el sonido, incluso el de los insectos”.
A diferencia de otros filmes suyos, Esteva no aparece en este, aunque su presencia se intuye todo el rato.
“He tratado que no sobre ninguna imagen, que cada fotograma tenga el peso de una fotografía”, explica. “He priorizado la dimensión poética y que hable por sí mismo ese mundo casi neolítico, de pastores y caravaneros”. De alguna manera, “el filme es un viaje al pasado de la humanidad”.
Desde su arranque, la película nos abisma en un mundo sobrecogedor, un reino encantado en torno al cual la magia parece espesarse como la niebla que tan a menudo se enseñorea de la isla. No en balde el mismísimo Marco Polo acreditó que los socotríes eran los mayores y más poderosos magos del mundo. Y Esteva es un gran interesado en la hechicería (recuérdense sus filmes Retorno al país de las almas y Komian).
Las imágenes nos llevan, siguiendo una agreste y empinada ruta camellera, lejos de las largas playas hacia las montañas de Hajhir, el sanctasanctórum de Socotra y donde mejor se han preservado, en el imponente aislamiento de la sierra, las creencias y costumbres de la isla. Allí, entre voces extrañas, salmodias, tambores y el gruñido de los camellos, nos encontramos con personajes que parecen salidos de Las mil y una noches, ancianos sheikhs como Prósperos desdentados que atesoran la sabiduría ancestral, recuerdan hechos míticos y nos adentran en una geografía poseída por los djinn, los genios y espíritus de la isla, sus arieles, sycorax y calibanes.
¿Era un lugar peligroso? “Es indudablemente inhóspito, difícil, hay que caminar mucho y las torceduras están a la orden del día”.
Esteva ha huido de la voz en off y ha empleado subtitulado y algunas cartelas, que le evocan, dice, las viejas películas de aventuras y exploraciones. El tono etnográfico se va disolviendo cada vez más en las brumas del lugar hasta desembocar en un fin de viaje alucinado. “Si hay genios y brujas, están en Socotra”, afirma el autor.
Alrededor de las hogueras, en cobertizos o en las humildes moradas de piedra escuchamos las viejas historias, contadas con miedo y respeto. La bruja que poseía un bol con dátiles que no se vaciaba y tras convertirse en serpiente mordió a un pastor o la que tenía piernas de hierro y cuya tumba está ahí mismo.
“Es asombroso que ese mundo prístino se conserve a dos horas de Dubai, que es similar a Las Vegas”, reflexiona Esteva, que ha viajado seis veces a Socotra y que está empeñado en su conservación, recabando ayuda solidaria, incluidos fondos para comprar cabras tras dos ciclones que sacudieron la isla como el batir de las poderosas alas del Roc. “Dubai siempre ha querido explotar turísticamente la isla, y hasta alquilarla en leasing a Yemen, al que pertenece, para convertirla en un resort de lujo”.
Desde que de pequeño puso el dedo sobre el mapa en esa minúscula porción de misterio enclavada en el Índico entre Somalia y la península arábiga y se conjuró para algún día visitarla, como así lo hizo, Socotra o Socotora o Suqutrah en árabe, ha excitado la imaginación del escritor, fotógrafo, cineasta y viajero y ha alimentado sus sueños.
Tras escribir un libro inolvidable Socotra, la isla de los genios (Atalanta, 2011), que nos reveló a muchos la esencia y los arcanos del lugar, su relación con las leyendas del ave Roc y el Fénix, con los cuentos de Simbad, con los mitos de los griegos, los romanos y los árabes y su peculiar riqueza botánica (como el árbol de sangre de dragón, el drago, cuya resina roja era muy apreciada por los gladiadores para curar las heridas, el alóe, o el árbol de la mirra, o incluso la planta de la inmortalidad), Esteva ha vuelto con una película impactante bajo el brazo, un documental titulado igual que el libro y que lleva ya semanas paseando por los festivales internacionales.
Socotra, la isla de los genios, de 64 minutos, en un fantasmagórico y sobrio blanco y negro que captura magníficamente la atmósfera sobrenatural y la belleza del paisaje, ha podido verse recientemente en el Visions du Réel de Nyon, en el Festival de Málaga y el Ethnocineca de Viena, y se proyectará ahora en el de Cine Africano de Tarifa y Tánger (FCAT). Incomprensiblemente, no en el Docs Barcelona, que arranca hoy. “No lo han querido, no soy profeta en mi tierra”, zanja Esteva (Barcelona, 1951). La suya es la única película jamás filmada hablada en socotrí, la lengua local, que se relaciona con la de la legendaria reina de Saba y que está desapareciendo sustituida por el árabe.
¿Qué aporta el filme al libro? “En el libro, aunque había fotografías, no pude darle tanta importancia a la imagen. Ahí quería que el lector se imaginara ese mundo a través de mis palabras y lo materializara en su cabeza. Esto es una visión diferente. Otro lenguaje. En el cine te puedes recrear en las texturas, los ambientes, los rostros. También he cuidado el sonido, incluso el de los insectos”.
A diferencia de otros filmes suyos, Esteva no aparece en este, aunque su presencia se intuye todo el rato.
“He tratado que no sobre ninguna imagen, que cada fotograma tenga el peso de una fotografía”, explica. “He priorizado la dimensión poética y que hable por sí mismo ese mundo casi neolítico, de pastores y caravaneros”. De alguna manera, “el filme es un viaje al pasado de la humanidad”.
Desde su arranque, la película nos abisma en un mundo sobrecogedor, un reino encantado en torno al cual la magia parece espesarse como la niebla que tan a menudo se enseñorea de la isla. No en balde el mismísimo Marco Polo acreditó que los socotríes eran los mayores y más poderosos magos del mundo. Y Esteva es un gran interesado en la hechicería (recuérdense sus filmes Retorno al país de las almas y Komian).
Las imágenes nos llevan, siguiendo una agreste y empinada ruta camellera, lejos de las largas playas hacia las montañas de Hajhir, el sanctasanctórum de Socotra y donde mejor se han preservado, en el imponente aislamiento de la sierra, las creencias y costumbres de la isla. Allí, entre voces extrañas, salmodias, tambores y el gruñido de los camellos, nos encontramos con personajes que parecen salidos de Las mil y una noches, ancianos sheikhs como Prósperos desdentados que atesoran la sabiduría ancestral, recuerdan hechos míticos y nos adentran en una geografía poseída por los djinn, los genios y espíritus de la isla, sus arieles, sycorax y calibanes.
¿Era un lugar peligroso? “Es indudablemente inhóspito, difícil, hay que caminar mucho y las torceduras están a la orden del día”.
Esteva ha huido de la voz en off y ha empleado subtitulado y algunas cartelas, que le evocan, dice, las viejas películas de aventuras y exploraciones. El tono etnográfico se va disolviendo cada vez más en las brumas del lugar hasta desembocar en un fin de viaje alucinado. “Si hay genios y brujas, están en Socotra”, afirma el autor.
Alrededor de las hogueras, en cobertizos o en las humildes moradas de piedra escuchamos las viejas historias, contadas con miedo y respeto. La bruja que poseía un bol con dátiles que no se vaciaba y tras convertirse en serpiente mordió a un pastor o la que tenía piernas de hierro y cuya tumba está ahí mismo.
“Es asombroso que ese mundo prístino se conserve a dos horas de Dubai, que es similar a Las Vegas”, reflexiona Esteva, que ha viajado seis veces a Socotra y que está empeñado en su conservación, recabando ayuda solidaria, incluidos fondos para comprar cabras tras dos ciclones que sacudieron la isla como el batir de las poderosas alas del Roc. “Dubai siempre ha querido explotar turísticamente la isla, y hasta alquilarla en leasing a Yemen, al que pertenece, para convertirla en un resort de lujo”.
La mujer pantera
En busca de la mujer pantera
Jordi Esteva filma a una sacerdotisa africana ‘poseída’ por el espíritu del felino
La escena es de una intensidad asombrosa, hipnotizante y perturbadora. Más aún porque está rodada en blanco y negro —lo que sugiere los grandes filmes de género fantástico de Jacques Tourneur, La mujer pantera (de la que se hizo el remake con la Kinski) y Yo anduve con un zombi—. Aquí, la mujer pantera es una sacerdotisa animista de Costa de Marfil que accede a realizar ante una cámara el ritual en el que es supuestamente poseída por el espíritu del felino. Ataviada con un faldellín, cubierta de abalorios, con el cuerpo y el rostro pintados y los grandes pechos bamboleantes desnudos, la komián (sacerdotisa) Kodju Niamké, hasta entonces una mujer risueña y encantadora, entra en trance y adopta la expresión y los movimientos de una fiera salvaje, salta, camina a cuatro patas, se revuelca.
Es el momento culminante de Komián la impresionante nueva película documental del fotógrafo, cineasta y escritor de viajes catalán Jordi Esteva (Barcelona, 1951), autor de libros como Los árabes del mar (que acaba de publicarse en árabe) y Socotra, la isla de los genios, y que ya plasmó parte de sus experiencias entre los practicantes de los viejos cultos animistas africanos en su anterior filme Retorno al país de las almas.
Esteva vuelve a sumergirse en el proceloso mundo de los sacerdotes, brujos y espíritus de Costa de Marfil —cuyo sistema de creencias pertenece al mismo linaje espiritual que el culto de los orishas yoruba, el candomblé, la santería o el vudú—, esta vez para presenciar y filmar uno de los más fascinantes ritos de posesión, en el que el o la komián son poseídos —”cabalgados”— por Kuasi, el espíritu de la pantera.
En la película, Esteva aparece él mismo introduciéndose en el círculo de los creyentes (en los que ya es conocido) y tratando muy paciente y amablemente de lograr que le organicen el raro ritual. “Para mí sería un privilegio extraordinario que el espíritu de la pantera se manifestara”, le dice con dulzura a mamá Niamké, alargándole una botella de ron. La komián accede. Los preparativos son complejos e incluyen viajar a Ghana (la película tiene un punto de road movie) a buscar a unos percusionistas especializados sin los que la ceremonia no es posible.
“Hay muy pocos komián capaces de dejarse poseer por el espíritu de la pantera”, explica Esteva. Estamos en un bar bebiendo los dos cocacola pero el viajero parece haberse traído todo aquel mundo de hechiceros, cálaos, tambores y pangolines. “Es un espíritu muy poderoso, pero no maligno, protege y cura, y da fecundidad”. En la película la komián poseída por la pantera no parece molesta porque la hayan invocado solo para que Esteva la salude. “Tienes mi bendición y eres bienvenido”, le dice, afortunadamente. Luego bebe la sangre de un gallo y de una cabra.
"En Costa de Marfil quedan muy pocos leopardos, pero queda su recuerdo"
Esteva asiente cuando le señalo el aire a lo Jacques Tourneur de su película, con imágenes alucinantes (la película parece una sucesión de espléndidas fotografías) como la de los perros negros nadando entre las olas. “Lo admiro muchísimo, es una referencia para mí, era un maestro de las sombras. Capaz de crear un aura de misterio increíble. Y demostró que para hacer buen cine no hacen falta muchos medios”. Pese a la similitud de su atmósfera con la de las películas señeras del fantástico, Komián no tiene nada de ficción, aunque Esteva también se distancia de los documentales antropológicos al uso. “No soy antropólogo y no hay aquí método científico, me atren estas creencias y liturgias tan ancestrales y he querido mostrarlas, con la voluntad de ayudar a preservarlas en una época de aculturización en la que muchos las ven como mera superstición y un lastre al desarrollo”.
Para el viajero, acceder a ese mundo de los rituales ha sido “como entrar en las láminas que veía de pequeño en los libros”. En algún caso lo ha hecho literalmente, como la vez en que se intoxicó ritualmente con un pollo cocinado por una komián con hierbas secretas y tuvo un trip de aquí te espero...
Etiquetas:
cine documental,
Costa de Marfil,
ESPAÑA
Jordi Esteva
Jordi Esteva
Biografía
Etiquetas:
CINE,
cine documental,
escritor,
ESPAÑA,
fotofrafo
la isla de los genios, Socotra
El director Jordi Esteva presenta su documental en el Festival de Málaga
'Socotra, la isla de los genios': Viaje apasionante al último paraíso
El prestigioso realizador, escritor y fotógrafo Jordi Esteva presenta
hoy en el Festival de Málaga su documental 'Socotra, la isla de los
genios'. Una película en blanco y negro sobre, en sus propias palabras,
“un mundo que está a punto de desaparecer”. Hablamos con el cineasta
sobre paraísos, geografía, civilizaciones antiguas, lenguas a punto de
desaparecer, política y otros apasionantes temas.
por Pere Vall
BLANCO Y NEGRO CONTRA LO SUPERFLUO
¿Y por qué el blanco y negro como opción estética? “Procedo del mundo de la fotografía analógica. Del Tri-X Kodak puro y duro. El blanco y negro me permite obviar lo superfluo. Huir de la estética de la foto viajera o de 'National Geographic'. Ir a la esencia para tratar de captar el 'espíritu' de Socotra. Jamás habría rodado en color”, razona el realizador.
La cinta ha sido calificada por el periodista Jacinto Antón como “melancólico viaje”. ¿Está de acuerdo su autor? “Quizá mejor, nostálgico. La melancolía puede tener quizá un punto enfermizo. De todos modos, Jacinto Antón es un gran periodista, y, pensándolo mejor, es posible que sí que haya algo, o bastante, de melancolía. Una nostalgia por un mundo que, irremediablemente, va a desaparecer. Porque la Socotra que me interesa, aparte de las playas de aguas turquesas y prístinas o del coral fabuloso, es la Socotra de las montañas donde no hay pistas, ni siquiera caminos, y resulta penoso avanzar entre pedruscos o cauces secos. Allí viven pastores que siguen hablando una lengua antiquísima emparentada con la del Reino de Saba. Pastores que, alrededor de un fuego, relatan historias de monstruos, serpientes gigantescas, ogros y duendes. Hombres que viven en cuevas y encienden fuego con bastoncillos. Personas que aprendí a querer y con quienes me unen lazos afectivos para siempre”.
Le preguntamos si tenía clara la estructura, y lo que quería contar, o lo encontró, luego, en la fase del montaje.“Basé mi película en el libro que escribí unos años antes con el mismo título y que publicó Atalanta. Una ascensión hacia las cumbres donde, según la leyenda, anidó el ave Roc y donde Urano tenía su trono antes de ser castrado por su hijo Cronos. Quería reflejar el recorrido de los pastores con sus camellos antes de la estación de lluvias, que hace que las precarias sendas sean todavía más impracticables. Me interesaba ese mundo prácticamente neolítico, ya que no practican la agricultura y a menudo viven en cuevas”, dice Esteva. ¿Y cómo fue la comunicación con los socotríes?“Todo fue muy fácil. Esta película es fruto de largas estancias y de la relaciones personales que he ido estableciendo a lo largo de los años. Hubiera sido realmente imposible plantarme de golpe en la isla y comenzar a filmar. Entre otras cosas, porque los socotríes odian las cámaras. La gente que sale en el film son conocidos, amigos o parientes de mis amigos de la montaña. Yo no era alguien extranjero para ellos”, desvela el cineasta.
¿Por qué el subtítulo de ‘La isla de los genios'? “Porque es una isla donde, según los pastores, existe un mundo paralelo de duendes y genios”, comenta el realizador: “No son genios como Mozart o Einstein, sino como el genio de la botella o de la lámpara de Aladino, por ejemplo. Todo ello me fascinó. Además, es el nombre que le daban los antiguos egipcios que acudían en busca del incienso que crece libremente en la isla para ofrendarlo a sus dioses y para momificar a sus faraones”.
¿Y cree Esteva que su documental si, por una parte, dará a conocer un lugar fascinante, también puede provocar un alud de curiosos, y que este deje de ser tan virgen? “Yo no he rodado un documental en color sobre las maravillas de la isla, sino sobre la memoria. Sobre un mundo que prácticamente desaparece. Si alguien viajara en Socotra en busca de lo que aparece en el documental, le resultaría imposible, porque son lugares tribales de acceso prohibido”, responde: “En algún momento me planteé si era ético dar a conocer el 'último paraíso' no profanado”.
“Pero lo más triste es que los promotores de Dubái tenían los ojos puestos en las maravillosas playas vírgenes de aguas más azules que las de Zanzíbar”, prosigue Esteva: “Y, cuando parecía que el destino era irreversible, estalló la guerra en Yemen con los bombardeos constantes de Arabia Saudí. Con las armas que les vendemos los occidentales. La situación en el Yemen, país al que pertenece la isla, es dramática y desesperada, y nuestros medios lo silencian, porque Arabia Saudí el país en el que se cortan manos a los ladrones, se lapida a las mujeres 'adúlteras' y se decapita a los homosexuales, entre muchas otras violaciones fragantísimas de los derechos humanos. Pero... es nuestro 'amigo': sus dirigentes son cortejados por nuestros reyes y le reímos todas las gracias. Ahora resulta imposible viajar a la isla”.
Continúa el director: “Además, mi película es el único documento que quedará filmado en lengua socotrí, ya que en estado puro sólo la siguen hablando los ancianos, y desaparecerá con ellos pues las nuevas generaciones hablan un idioma socotrí ya muy contaminado de árabe. Por todo ello, estoy satisfecho de que esta obra quede, aparte de sus posibles valores cinematográficos, como un documento único sobre un mundo a punto de desaparecer”. ¿Y está ‘nervioso’ ante el pase en el Festival de Málaga?“¿Nervioso? No. Muy contento. Es el estreno en España. Hace poco la presenté en el Festival Visions du Réel, en Nyon (Suiza). Tengo mucho respeto por el Festival de Málaga, y por ello intentamos que el certamen nos seleccionara. El mail de confirmación fue motivo de celebración. Málaga me encanta y estoy muy unido a Andalucía. Tuve una casa en un pueblito de Almería durante unos años”.
¿Y nos puede contar Jordi Esteva sus proyectos? “Uy, uy, que se gafan si se cuentan... De momento, un libro que publicará Atalanta con las fotografías que realicé en Socotra con película analógica y mi vieja Nikon. Naturalmente, en blanco y negro. Estoy muy ilusionado porque Atalanta es una editorial de gran prestigio que cuida sus ediciones al máximo y para mí es un lujo seguir con ellos”, finaliza.
Tráiler de 'Socotra, la isla de los genios':
Etiquetas:
cine documental,
ESPAÑA,
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